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Los medios y los días

Botnets, bots y otros fantasmas

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22 feb 2021 / 04:00 h - Actualizado: 22 feb 2021 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Botnets, bots y otros fantasmas

¡Qué Dios nos coja confesados! La señora Verónica Ojeda nos contó ayer domingo el follón de los botnets en Instagram, lo que sucede es que el asunto va mucho más allá de Instagram porque servidor no usa ni Instagram ni red social alguna y se ha topado con los botnets que se asemejan a los bots. Ambos, botnets y bots, son como las meigas que no existen, pero haberlas, haylas. Los botnets ya ven ustedes que se parecen a ese familiar de Gila que, según narraba el genial humorista, comenzó tirándose de un padrastro que tenía en un dedo y terminó desollándose todo. Ahora empieza uno interesándose por algo y terminan sacándote el DNI, el grupo sanguíneo y el código genético y eso es ya como si te marcaran con un hierro candente cual si uno fuera una res: para toda la vida, como la vacuna de la viruela de los años 60. Los bots te pueden mandar cartas de parte de algún candidato de forma automática, cartas que, por supuesto, el candidato no ha escrito, es un engaño como otro cualquiera. Con un bot te puedes hasta inventar un candidato.

Por consiguiente, esto no es ya como cuando te vendían un transistor en la tienda del barrio y le faltaba el botón del volumen y entonces iba uno y le cantaba las cuarenta al tendero al que conocías desde hacía veinte años y él te decía: “no te preocupes coño, que te doy otro, no te pongas así”. No, ahora ya ven ustedes la cantidad de precauciones que hay que contemplar con un cacharro informático en red. Verónica se nota que está pensando en la juventud cuando escribe, lo digo por el tono y porque le habla de tú a los receptores aunque eso está ahora de moda en todas las edades, a mí personalmente lo mismo me da que en clase me hablen de tú como de usted porque el prestigio no está en el nombre ni en el tratamiento sino en los actos, en mi caso, en lo que cuente en la tarima (ahora en el online).

Sin embargo, al llegar a ciertas edades uno se pregunta dos cosas: una, si me dedico a estos asuntos banales a los que la industria digital desea que me dedique tendré que aplicarme la frase de John Lennon cuando afirmaba que la vida es eso que pasa por ahí mientras estamos haciendo otra cosa. Segunda cuestión, ¿por qué los jóvenes no pasan ya de estas engañifas y viven en la realidad sangrante y gozosa que es la vida real, no virtual? Uno se siente invencible e inmortal de joven pero no puede evitar llevar un viejo dentro, como canta Serrat, y cuando te das cuenta se te han ido cayendo los atributos con esa fuerza de gravedad que contiene el tiempo. Entonces nos preguntamos cómo hemos llegado tan pronto a unas edades determinadas. Me ha pasado a mí que crecí sin botnets ni bots ni redes y os va a pasar a vosotros, muchachada, como no toméis medidas.

Hay otro asunto. Si te están pidiendo tantos datos, el sentido común ordena que desconfíes ya, ¿no? O, ¿a qué grado de candidez ha llegado el personal en estos tiempos virtuales? Claro, es que el sentido común es el menos común de los sentidos. Yo empecé interesándome por el bitcoin y me pasé un poquitín con mis datos personales. Desde entonces borro cada día cantidad de basura, entre promesas de que me voy a hacer rico en un momento, puterío, señoras que te prometen sexo rápido o manifestaciones falsas de personas del famoseo que te quieren llevar al paraíso de la abundancia. En cuanto que me solicitaron algo más profundo detuve el juego, ahora me distraigo despachando porquería a diario que me llega mezclada con lo que de verdad deseo, soy un minero digital separando la mena de la ganga, no tengo necesidad de ver tetas ni de hacerme tan sumamente rico y mientras busco al personal que me puede ayudar o me ayudo yo mismo se me ha pasado el tiempo para ver llover como estoy haciendo ahora que es domingo y ha llegado otra maravillosa borrasca que es lo que a mí me gusta más, sobre todo cuando pienso en los meses de julio y agosto.

Menudo mundo tenemos encima, para ir por el mío de siempre suelo decir que es necesario que te acompañe un abogado y un notario con la tarea de que me defiendan de mis semejantes. Añadamos ahora un policía científico, un guardaespaldas, un ingeniero de sistemas, un programador y un hacker. ¿Quién paga todo este cortejo?


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