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La Tostá

Buscando pareja desesperadamente

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
29 dic 2021 / 08:33 h - Actualizado: 29 dic 2021 / 08:36 h.
"La Tostá"
  • Carlos Sobera (c).
    Carlos Sobera (c).

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A veces veo el programa de Carlos Sobera, First Dates, porque me resultan interesantes las historias de los que van a buscar pareja desesperadamente. Lo mío son las historias, ya saben. Me llama mucho la atención lo exigentes que son quienes van al programa, personas que por lo general han fracasado una o varias veces en sus relaciones. Por tanto, si han fracasado no deberían exigir mucho. Lo que más me sorprende es cuando alguien dice que si su pareja se entrega, es cariñosa, generosa y fiel, ella le corresponde con lo mismo. O él, claro. Eso es un error que deshace muchas parejas, porque cada uno debe darse al otro según su capacidad. Si me das, te doy. Eso no es amor, ni leche frita. Es puro interés, como un intercambio. Si uno ama de verdad a una persona se debe entregar totalmente a ella sin exigirle nada, darle igual sus defectos o cuenta corriente e intentar hacerla feliz como sea. Cuando se ama se tiene la necesidad de hacer feliz a la persona amada, sea una pareja o un hijo. En el programa de Sobera suelen aparecer a veces mujeres que buscan a un hombre limpio, educado, cariñoso, fiel, de buena posición económica y con pelo. Confiesan no importarle mucho el físico, pero si aparece un gordo, un canijo, un calvo o un patuleco, casi siempre se niegan a una segunda cita, diciéndole: “Me lo he pasado muy bien contigo en la cena, eres una buena persona, divertido, ingenioso y educado, pero no ha habido chispa, ¿entiendes?”. Es una manera de mandarlo a freír espárragos, de hundirlo. Y flipo cuando le dice que no es su tipo de hombre, por el físico, siendo ella un champiñón chamuscado. Recuerdo cuando en mi adolescencia se decía lo de: “Con lo guapo no se come”, y ellas decían: “Y con lo feo dan fatigas”. Las muchachas eran muy crueles entonces. Les pedías salir y como llevaban en la carpeta del cole una pegatina del rubio de Los Pecos o Pedro Marín, comparaban y te mandaban a la zúa. La zúa era un canal de Palmete, que olía a perros muertos. Medio siglo después todavía tienen en cuenta el físico, salvo que seas funcionario o empresario. Si fuera alguna vez a este programa, que no lo descarto –me han dicho que es divertido, y que además te pagan–, solo exigiría una cosa: que fuera una mujer normal. Solo eso, normal. Para raro ya estoy yo.


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