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Coronavirus

Calma en Villanueva del Ariscal

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10 feb 2021 / 04:00 h - Actualizado: 10 feb 2021 / 04:00 h.
"Triana","Arte","Historia","Turismo","Historia","Vendimia","Infancia","Coronavirus"
  • Labores de desinfección contra el Covid en Villanueva del Ariscal.
    Labores de desinfección contra el Covid en Villanueva del Ariscal.

Segunda corona metropolitana de Sevilla. Villanueva del Ariscal, 6.700 habitantes, pasando Espartinas y antes de llegar a Sanlúcar la Mayor, muy cerca de Olivares. No sé mañana ni pasado, pero llevamos mucho tiempo portándonos bien o relativamente bien ante la amenaza del virus; nos rodea, nos ataca, nos posee pero por el momento no nos aísla de los demás, son los demás quienes se aíslan de nosotros con tasas excesivamente altas de contagios, aquí seguimos en una calma tensa, inquietos como es natural y sin embargo relativamente sosegados.

La actividad social y cultural en el pueblo es intensa pero autocontrolada. María del Mar García Limón, la segunda teniente de alcalde, nos tiene excelentemente informados por internet, redes y wasap, hay actividades para todos los gustos, hay vida dentro de las venas lógicamente preocupadas de Villanueva del Ariscal, el virus nos acecha, no es fácil mantenerse fuera de su alcance alto cuando el Aljarafe es una ciudad de más de 300.000 habitantes y los pueblos más cercanos a Villanueva sufren perimetrajes desde hace algún tiempo. María del Mar me sorprende con su competencia como comunicadora institucional, ella sola es un diario y ejerce su trabajo con seriedad. Me anuncia que la Hermandad del Rocío de Villanueva cumple este año su 50 aniversario, me acuerdo de su nacimiento porque mi vinculación con este pueblo se remonta a cuando yo tenía unos cinco años y mi familia compró aquí una finca de recreo que aún se conserva aunque no en toda la extensión que tuvo. Mi vida sevillana ha consistido en nacer en el barrio de San Vicente, vivir en él mi infancia y adolescencia, pasar un tiempo en el barrio de San Lorenzo, habitar después bastantes años en Triana y en una urbanización cercana a El Garrobo para a continuación trasladarme a Villanueva donde llevo más de diez años empadronado. ¡Cuántos veraneos y Navidades he pasado felizmente en este pueblo vinatero!

Un silencio casi absoluto me rodea en la casa del pueblo donde vivo, cercana a la taberna del Melllizo, adonde voy de vez en cuando, adonde, a pesar de que salgo poco, llevo a periodistas, escritores y profesores universitarios de diversos lugares para que alucinen con un lugar tan auténtico, tan increíble, tan familiar. El primer gran recuerdo que tengo de Villanueva en esta nueva y prolongada etapa de mi vida en ella es el invierno en que llegué aquí hace más de una década, entrar en una noche fría en el Mellizo -que nació como taberna el mismo año que yo, 1954- y sentarme al calor de su chimenea cerca de unos pocos clientes, todos en silencio, cenar algo y marcharme a dormir. Los que tenemos tiros dados nos seduce la tranquilidad, hay un camino por Villanueva que te lleva directamente al monasterio de El Loreto, a respirar historia más profundamente todavía de la que se respira en todo El Aljarafe. Más calma.

Cuando me hablan hasta el hastío de viajar y ser feliz y veo que hay quien confunde ser feliz y viajar con hacer turismo, me acuerdo de mis paseos por los caminos rurales de Villanueva del Ariscal. El que yo suelo hacer es solemne y me enseña, sin ir más lejos, qué es la felicidad porque la felicidad mundana consiste en un estado mental y en unos instantes concretos de la vida, no esa utopía que algunos tienen en la cabeza. Les cuento: camino por unas calles del pueblo que me enseñan el colegio público que aquí hay, Manuel Castro Orellana, donde han estudiado dos de mis hijos. Intento pasar muy temprano por allí, antes del amanecer, a punto de que salga el sol. Luego tuerzo por el camino que conduce al cementerio de Santiago -patrón del pueblo- y al llegar al camposanto en ocasiones me detengo y me sitúo de espaldas a él. En otoño y en invierno la inmensa parcela que se extiende frente a su ubicación es un gran prado verde. Al fondo de ese verdor tan intenso comienza a asomarse el sol a un nuevo día que nos trae en su rostro y va subiendo hasta llenarnos de luz, vida, energía. Entonces recuerdo piezas musicales como el primer movimiento de Peer Gynt, la suite que compuso el noruego Edvard Grieg basada en el drama del escritor igualmente noruego Henrik Ibsen, un primer movimiento que se llama precisamente “La mañana, y tarareo incluso el tema del intérprete y compositor japonés Kitaro llamado Dawn in Malaysia (Amanecer en Malasia). Detrás queda la muerte que me abrazará un día, delante resplandece el existir más intenso, todo sin salir de Villanueva, sin despegarme de un lugar al que creo que aún no se le conoce como merece. Este año tampoco podrá bendecir sus calles el Viernes de Dolores la cofradía del Cristo de la Veracruz y Virgen de los Dolores ni a la Hermandad del Rocío le será posible postrarse en su 50 aniversario ante la que llaman Blanca Paloma y ya veremos si se celebra la Romería de la Vendimia en septiembre, donde la gente hace muchos años me regalaba mosto desde las carrozas que pasaban bajo la sombra refrescante del que bautizaron como El Ramal, un kilómetro y medio de angosta carretera, camino del Loreto, que estaba orillada por moreras señoriales. Y espero que al menos podamos gozar con la Cabalgata de Reyes de 2022, tan conocida, tan entrañable, tan especial.

En estas circunstancias es doloroso todo y a la vez vivificante porque siempre se puede uno sentar sobre el trono de las pequeñas grandes cosas como El Mellizo, la taberna El Melao (siglo XIX), las bodegas Góngora (siglo XVI), el arte del diseño en joyas de Joaquín Cerpa -por cuya puerta transito en mi paseo matutino-, la creación tallista de madera de Rafael Ángel Rivero y de diversos imagineros ariscaleños, el cementerio y el prado verdísimo... Todo te está diciendo: mira, tienes un trozo de felicidad frente a tus narices y estás mirando muy lejos en estos tiempos de incertidumbres y peligros. Calma, calmémonos en lo posible.


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