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Pasa la vida

Campamento de agosto para políticos sin soluciones

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Juan Luis Pavón juanluispavon1
27 jul 2019 / 11:00 h - Actualizado: 27 jul 2019 / 11:04 h.
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  • El líder del PP, Pablo Casado (delante), pasa junto al candidato socialista, Pedro Sánchez (izda detrás), entre otros, mientras se dirige a la tribuna durante la segunda y definitiva votación de investidura. EFE/Ballesteros
    El líder del PP, Pablo Casado (delante), pasa junto al candidato socialista, Pedro Sánchez (izda detrás), entre otros, mientras se dirige a la tribuna durante la segunda y definitiva votación de investidura. EFE/Ballesteros

Los problemas de España no se van de vacaciones. Los problemas de España están investidos. Lo que se merecen los cuadros dirigentes de todos los partidos políticos es que los enviemos juntos a un campamento de agosto, en uno de tantos pueblos mesetarios que se están quedando vacíos. Donde ya no hay niños, ni jóvenes, ni comercios, ni transporte público, ni oficina bancaria. Campamento Legislatura. Sufragado con sus nóminas de junio y julio, tan deficientemente justificadas. Y con su cuota de paga extra, tan inmerecida.

Una quincena dedicada a trabajos en equipo con todos mezclados (para hacer la comida, para instalar la red de internet, para montar placas solares, para limpiar los montes....). Dos semanas donde resulte obligatorio acabar cada día rubricando un acuerdo consensuado al menos por el 75% de los participantes, basado en una puesta en común exponiendo cada uno qué hay de bueno en las propuestas de los demás y en el balance de gestión de los demás a nivel local, regional o nacional. 15 días, 15 acuerdos. Proceso de desintoxicación para quienes siempre tergiversan el sentido de la fase final de las campañas electorales, por cuanto solo están perfilando la identidad a la contra y solo piden el voto para vivir de la discordia. Y están forzando tanto el espíritu de las normas para la gobernanza democrática que se van malacostumbrando a cobrar todos los meses sin rendir cuentas por mantener las instituciones entre la provisionalidad y el bloqueo.

Es imposible en cualquier colectivo humano que una sola persona tenga el monopolio de la verdad, de la razón, de las soluciones y de las buenas prácticas. Negar esa evidencia conduce primero a la soberbia, después al autoritarismo, y a continuación demonizar al prójimo para no reconocer ni un error, para justificarlo todo en función de que existe un enemigo a batir. Esa es la ideología predominante en la política española desde 2004.

Entre las actividades del Campamento Legislatura para encarrilar la pretemporada, hay sesiones de video para contemplar intervenciones parlamentarias de personas como Antonio Fontán, Nicolás Sartorius, Gregorio Peces Barba, Soledad Becerril, Javier Solana, Landelino Lavilla, Marcelino Camacho, Ernest Lluch, José Pedro Pérez Llorca, Juan María Bandrés, Manuel Marín, Javier Rupérez, Antonio Gutiérrez, Jaime García Añoveros, Nicolás Redondo... Los parlamentarios actuales se sentirán incomodísimos, inicialmente les parecerá una situación muy violenta mirarse en ese espejo. No querrán admitir que la comparación les sitúa en nivel de Tercera División. En la promoción más mediocre del parlamentarismo constitucional. Soportarán en silencio cómo han tenido predecesores que hablaban mucho mejor, argumentaban de verdad, aportaban datos, eran contundentes en sus críticas y a la vez tenían espíritu de negociación para influir desde la defensa de sus posiciones. Porque entendían que representar a millones de españoles no consiste en adoptar el desacuerdo como animal de compañía.

España tiene hoy en día más jóvenes que nunca con una preparación sensacional, pero muchos están abocados a emigrar. Mientras que la nación está representada en el Congreso de los Diputados por una quinta donde comprar másteres, plagiar tesis o blasonar falta de preparación y experiencia son la prueba del algodón de sus méritos y de sus objetivos. Recuerden que, durante muchos años, en los debates políticos se esgrimía la necesidad de reformar la Ley Electoral para propiciar que las papeletas electorales sean listas abiertas, y cada votante tenga la soberanía de marcar a qué personas selecciona para ser sus representantes, aparezcan en los primeros puestos o en los últimos. Ya no se habla de listas abiertas. Ya están a la defensiva todas las cúpulas de los partidos. Si en las próximas elecciones estuviera en vigor esa potestad, el escrutinio pondría en un brete la valoración de muchos líderes y portavoces a ojos de los simpatizantes.

En el Campamento Legislatura, los entrenamientos servirán para ejercitar el cumplimiento de plazos. Porque en la España que funciona se cumplen multitud de plazos. Con el pago de impuestos como madre de todos los automatismos inexorables. Y no hay excusa, en pleno siglo XXI, para que la agenda política automatice que, cada año, gobierne quien gobierne, tras un periodo de enmiendas y negociaciones, el 30 de octubre queden aprobados los Presupuestos Generales del Estado para el año venidero.

15 días, 15 acuerdos. Cumplimiento del orden constitucional en Cataluña. Garantizar los derechos y libertades de todos los catalanes, incluidas las niñas que dibujan en el colegio una bandera de España. Reforma del sistema de pensiones para sostenerlo con una esperanza de vida y una pirámide demográfica totalmente distintas a las de hace 25 años. Incrementar la presión fiscal solo a las multinacionales de la economía digital que intentan eludir el pago de impuestos acorde a su enorme generación de ingresos en España, y aportan menos que un autónomo. Fomento de la natalidad y favorecer la conciliación laboral-familiar mediante el teletrabajo. Transformación del modelo de sociedad de consumo para alinearlo con la emergencia climática. Modernización de la Educación y de la formación de los profesores para que se enseñe al alumnado a tener capacidades y habilidades para una adaptación continua en un mundo de constantes cambios, comenzando por la capacidad de pensar y por la habilidad de saber hablar en público.

Ítem más, para ponerse en forma, con un acuerdo al día. Duplicar el número de plazas de jueces, que son puestos de trabajo mucho más prioritarios, y así situarnos en la proporción adecuada tal como indica la Comisión Europea, aplicando para ello la reducción a la mitad del número de cargos de confianza en los gobiernos central y autonómicos, donde estamos sobrados. Objetivar la asignación de inversiones en las comarcas y regiones que más sufren la desigualdad, como, por ejemplo, que Extremadura sea la región donde más se invierta en red ferroviaria. Digitalizar a las Administraciones Públicas y sus prestaciones hasta el punto de que ninguna te pida una documentación que ya tiene otra. Poner en vigor en España lo que funciona en otros países, en lugar de seguir perdiendo el tiempo, como, por ejemplo, fotocopiar y aplicar la Ley del Mecenazgo francesa, que ha propiciado aumentar de modo exponencial la aportación de dinero a la ciencia y a la cultura.

Agosto es el mejor mes para repasar la fábula de la cigarra y la hormiga. España tiene solución y soluciones. La España política está frenando desde hace 15 años el potencial de desarrollo de la sociedad española.


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