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Carmelilla Montoya y Sevilla

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
05 dic 2019 / 12:36 h - Actualizado: 05 dic 2019 / 12:40 h.
"Flamenco","La Tostá"
  • Carmelilla Montoya y Juan José Amador. / El Correo
    Carmelilla Montoya y Juan José Amador. / El Correo

Diciembre es el mes de los homenajes en Sevilla. La bailaora trianera Carmelilla Montoya va a recibir hoy el suyo, el de su despedida, porque una enfermedad le impide hacer lo que ha hecho toda la vida, bailar de maravilla y de una manera tan gitana que daba escalofríos verla. Ya apenas hay bailaoras como ella, con esa pureza, garra y pasión trianeras, tan perdidas. Verla bailar con la Familia Montoya era un espectáculo, con su madre y su padre, Carmen Montoya y El Morito, y sus tíos Antonia la Negra y Juan Montoya. A veces, cantaba Lole Montoya con la guitarra de Manuel Molina y entonces era ya la locura, esas benditas locuras de antaño que ya no se ven por ninguna parte ni poniéndole velas al Gran Poder. Carmelilla decía hace unos días en una entrevista que ella era bailaora de Triana, y que la escuela sevillana era otra cosa. No le faltaba razón, aunque no se puede excluir a Triana de la escuela sevillana del baile, como tampoco de la del cante. De hecho, cuando en Sevilla mandaban las boleras, a mediados del XIX, y el flamenco aún no estaba presente en los cafés cantantes de la ciudad, siempre amenizaban las fiestas sevillanas “unas gitanas de la Cava”. Unas princesas de bronce que iban sobre todo a bailar, seguramente hermanas o esposas de Antonio Cagancho o Curro Puya, que cruzaban el puente a diario, unas veces para bailar y otras para trabajar en la Fábrica del Tabaco o vender flores en el casco antiguo de la ciudad a ritmo de tangos. Carmelilla es una heredera de toda aquella tradición gitana o flamenca, de ahí que su baile haya sido siempre tan puro y con una pasión única. Una prueba de cómo la queremos en Triana y en Sevilla, es que, de nuevo, el mundo del flamenco se está volcando con su homenaje, ahora de despedida de los escenarios. No está sola, porque tiene, además de a su maravillosa familia, a toda una afición volcada. El festival de esta noche en Fibes, con un cartel único, quedará en la historia del arte flamenco. Va a ser una orgía de emociones y de mucho arte, en honor de una bailaora que en solo un desplante o un giro era capaz de meterte el baile más jondo en las últimas habitaciones de la sangre.


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