La Tostá

Carmen la de Linares

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
25 abr 2022 / 07:37 h - Actualizado: 25 abr 2022 / 07:39 h.
"La Tostá"
  • Carmen de Linares. / Guillermo Mendo
    Carmen de Linares. / Guillermo Mendo

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Supongo que podré decir que hace años que me dejó de gustar Carmen Linares, sin que me reprendan sus seguidores en las redes sociales. No estuve en su recital del Maestranza el pasado sábado, pero empecé a escuchar a la cantaora de Linares en los años setenta y algo podré decir sobre su estilo y carrera artística. Recuerdo que todavía en el inicio de los años ochenta era una cantaora que no había entrado en Sevilla; que no gustaba mucho. Un poco lo que ocurrió también Enrique Morente. Pero entre sus actuaciones en Televisión Española, debido a que su marido, Miguel Espín, y el sevillano Romualdo Molina, apostaron por ella, y que José Luis Ortiz Nuevo le dio bienales, acabó entrando en nuestra ciudad y la provincia. No digo que se convirtiera en la cantaora de Sevilla, pero casi. Se llegó a decir que era la más larga después de la Niña de los Peines. La mejor, la maestra.

Las comparaciones son odiosas, pero es cierto que la de Linares ha sido muy larga, estudiosa y, sobre todo, una excelente profesional dentro y fuera de los escenarios. Hizo una gran carrera y llegó a ser la primera referencia del enciclopedismo flamenco en mujer. Pero comenzó a agotarse pronto, quizá porque nunca tuvo una voz portentosa, sino tocada. Cantaora, eso sí, pero de un metal rozado que se apagaba un poco cada año. En los noventa fui testigo de cómo aburría en los festivales de verano de los pueblos andaluces, quizá porque hacía demasiados cada año. Pero le valió mucho su capacidad investigadora y saber hacer una buena discografía. No hay una cantaora de su tiempo que tenga una obra discográfica tan interesante y con tantas aportaciones.

A lo mejor debió plantearse hace años centrarse en esa labor tan importante y dejar la batalla de los festivales, pero cada artista es dueño de su carrera. Sinceramente, que haya venido al mejor teatro de Sevilla a celebrar sus muchos años de artista profesional, cincuenta, con Miguel Poveda de artista invitado, demuestra que ya no confía en su tirón. Podría haber invitado a algún maestro que haya sido una reverencia para ella. Estoy pensando en Fosforito, aunque el gran maestro esté ya retirado de los escenarios. O en la cantaora Sanluqueña en María Vargas, que aún canta, y muy bien por cierto. Lo de Poveda, el artista comercial de éxito del momento, era un reclamo para llenar el teatro. El mejor, sin duda alguna. Ha cantado demasiado, y nunca mejor dicho lo de cantar.

La Dama del Cante, como la llaman, no necesitaba la ayuda del señor Poveda, porque llenar o no un teatro tan grande no era lo más importante. Lo que importaba era venir a Sevilla a dejar claro que es la más grande, pero sin cable mediático. A pecho descubierto.


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