Cemento: contaminante global

La producción de cemento contribuye a casi una décima parte de las emisiones globales de CO2

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14 nov 2022 / 13:58 h - Actualizado: 14 nov 2022 / 14:08 h.
  • Cemento: contaminante global

Si la industria del cemento fuera un país, sería el tercer emisor de CO2 del mundo después de China y Estados Unidos. Es un tema que con demasiada frecuencia se subestima, pero en realidad esta industria tiene un enorme impacto climático, aunque sea considerado un sector clave de la economía. Estoy hablando del cemento, en concreto para la construcción. Motor de desarrollo, pero también factor crítico para la estabilidad del planeta. Hasta la fecha, su producción genera el 8% de las emisiones globales de dióxido de carbono frente al 12% de la agricultura y el 2,5% de la aviación. Pero la contaminación no lo es todo, porque la construcción y desarrollo de carreteras e infraestructuras también produce una creciente impermeabilización: una de las amenazas más graves para la salud del suelo.

El uso del cemento se ha convertido en un fenómeno mundial desde la década de 1950. Desde entonces su producción se ha multiplicado por treinta gracias también a una mayor aceleración registrada en las últimas décadas. Desde la última década del siglo pasado, de hecho, China e India han dado un rotundo impulso al sector al cuadruplicar la producción global. Por poner un ejemplo, entre 2011 y 2013, China consumió 6.600 millones de toneladas de cemento frente a las 4,5 utilizadas por Estados Unidos a lo largo del siglo XX.

La producción mundial de cemento libera a la atmósfera 2.200 millones de toneladas de CO2 al año. A lo largo del tiempo, las emisiones medias por unidad de producto han disminuido algo, gracias a la búsqueda de una mayor eficiencia energética por parte de las empresas. Pero el proceso de creación de la materia, en sustancia, nunca ha cambiado radicalmente con respecto a sus características originales patentadas en el siglo XIX. La extracción de materias primas de canteras, el uso de hornos de alta temperatura y la creación de clínker, elemento clave para el cemento, que como sabemos es el principal componente del cemento Portland, el cemento más común y, por tanto, del hormigón Todo eso sigue teniendo un gran impacto en términos de emisiones.

Para cumplir con los requisitos del Acuerdo de París sobre el clima, el sector del cemento debería garantizar una disminución del CO2 producido en no menos del 16%. En los últimos años, algunos estudios se han centrado en una nueva solución representada por el llamado biocemento. La idea es aprovechar la acción de los microorganismos para producir una compactación de la materia muy similar a la que se produce en el proceso de formación del coral. La operación se lleva a cabo a temperatura ambiente sin el uso de combustibles. En definitiva, las ventajas para el clima son evidentes. Pero el impacto del cemento en el medio ambiente, cabe recordar, lamentablemente no se manifiesta sólo en el frente de emisiones.

La masiva construcción en los territorios, de hecho, sigue en expansión. El terreno urbano, recuerda una reciente investigación publicada en la revista Nature, alberga a más de la mitad de la población mundial y es responsable del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano en el planeta. De ahora a 2040, prosigue el estudio, nada menos que el 50% del suelo de la ciudad recién ampliada afectará a las áreas cultivadas, generando una merma en la producción agrícola mundial de entre el 1% y el 4%.

Es el fenómeno del sellado del suelo, la impermeabilización del suelo, que según estimaciones de la FAO avanza a un ritmo de unos 10 kilómetros cuadrados por hora. En este contexto, el suelo deja de realizar la mayor parte de sus servicios ecosistémicos, experimentando además una reducida capacidad de captura de carbono y consecuentemente favoreciendo el cambio climático. Precisamente por ello, la recuperación de edificios abandonados y la restauración de espacios degradados se convierten en una alternativa imprescindible para cubrir las necesidades de espacio de la población sin comprometer la salud del suelo.

Habría que preguntarle a la industria del cemento que está haciendo en este sentido, ya que “obras son amores y no buenas razones”. Ojo al greenwashing, señores del cemento. No se trata solo de proclamar los compromisos acompañándolos de ODS, sino de explicitar con hechos los pasos que se están dando para la transformación de los procesos y asegurar que se llega a una situación de emisiones cero.


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