Tribuna

Centenarios... hoy siempre es todavía

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24 may 2023 / 14:36 h - Actualizado: 24 may 2023 / 14:47 h.
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Por Fran Martín. Profesor de Periodismo en la Universidad de Málaga y Experto en comunicación y personas mayores.

La mayoría de las naciones occidentales están experimentando un aumento en el número de personas mayores. Según los datos estadísticos del Padrón Continuo (INE), en España hay 9.310.828 mayores. Sin embargo, a pesar del volumen de personas de edad avanzada, la presencia de este grupo humano no es correspondida en los medios de comunicación. Los
canales de televisión buscan conectar con los jóvenes realizando programas, series y contenidos que reflejen sus intereses, valores y experiencias para construir una relación a largo plazo. Sin embargo, las nuevas generaciones prefieren acudir a las plataformas y redes sociales para consumir contenidos informativos, divulgativos o de entretenimiento.


Los directivos de los medios saben que las personas de 65 años en adelante son el grupo de edad que consume más contenido televisivo (también son los que escuchan más radio generalista y leen más periódicos y revistas en papel). Sin embargo, se excluye a los mayores de las programaciones, decisión que, además de suponer una acción discriminatoria, pone en riesgo la supervivencia a corto plazo del medio.


Al edadismo por omisión, se suma la imprecisión con la que se dibuja el perfil de los mayores en las narrativas televisivas. Cuando las personas de edad avanzada forman parte del imaginario informativo, publicitario o en ficciones, se presentan como un grupo desprovisto de poder, vulnerable y homogéneo. En los medios, la vejez es analogía de un problema y el envejecimiento se muestra como una situación a la que debemos resistirnos, frenar o disimular.


La televisión construye una imagen de los mayores estereotipada, en lugar de abordar la complejidad y diversidad y heterogénea realidad de las personas mayores. Cuando los grupos subrepresentados no tienen la oportunidad de contar sus propias historias y participar en la toma de decisiones en la producción televisiva, se corre el riesgo de que sus experiencias sean distorsionadas o ignoradas, lo que lleva a la proliferación de estereotipos negativos.


La presencia de las personas mayores en la televisión es escasa o desacertada. Un ejemplo de planteamiento erróneo es el programa Hablando en plata (Antena 3), que apostó, en su programa inaugural, por un diálogo entre caras conocidas, para hablar sobre las residencias, en lugar recurrir a las personas mayores como fuente principal.
Por otro lado, nos encontramos con una desagradable sorpresa: el fin de la emisión del programa Centenarios, programa que se emite en Canal Sur. Centenarios, por su propuesta temática y estilo, representa el tipo de contenido que fortalece la programación de un medio de comunicación de servicio público. Este programa aporta quietud al frenético ritmo
televisivo, al tiempo que rinde homenaje a las personas más mayores andaluzas. Un grupo humano que ha sacrificado su bienestar para hacernos la vida más fácil.


Cuando nacieron muchas de las personas que protagonizan las historias de Centenarios, Picasso aún no había pintado el Guernica, Lorca aún no había escrito Poeta en Nueva York y Manuel de Falla estaba orquestando El Amor Brujo. El siglo de vida de los centenarios es patrimonio inmaterial de una Andalucía de guerra y paz, de carestía y desarrollo y de principios democráticos. Un siglo, también, vivido en una temporalidad íntima donde se teje la trama de afectos, esas «pequeñas cosas» que conforman el único capital realmente importante cuando acabamos nuestros días: el amor, la familia, los nietos, los bisnietos, las amistades.


Andalucía es la región con mayor población centenaria (2.925). Cada centenario es una oda al amor por la vida, al arte de conservar la esperanza. También, cada centenario es una lección magistral que nos recuerda que la vida no es algo que pasa durante unos años de plenitud idealizada, porque «hoy siempre es todavía» (Antonio Machado).


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