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Chapuzas «Made in Spain»: el Estado roto

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07 ago 2021 / 10:01 h - Actualizado: 07 ago 2021 / 10:05 h.
"Infraestructuras","Construcción","Justicia","SE-40"
  • Imagen de archivo de obras en la SE-40.
    Imagen de archivo de obras en la SE-40.

Hay algo peor que la chapuza: el daño hecho con ella. Y a quien se le hace. Con un aeropuerto kilométrico, con una terminal inmensa y otra sin usar, el gobierno va a invertir “unos cuantos” millones en ampliar el aeropuerto de El Prat. Mejor para Barcelona. ¿Mejor? ¿De verdad? El alcalde de El Prat de Llobregat acaba de asegurar que será un desastre para la zona. Pero el gobierno sigue, porque la Generalitat aprieta. En el absurdo ya no cabe agravio comparativo, que de por sí suele ser absurdo. No está demostrado que Barcelona lo necesite desde el momento en que mantiene una terminal vacía. Pero Barcelona no tiene la culpa de la grandilocuencia de sus rectores ni de la complacencia del poder central que sigue siendo centralista y, como todo centralismo, enemigo de la periferia, por tanto de la Justicia. Que periferia no es todo cuanto no es Madrid, cuando “unos” somos más periferia que “otros”.

Una risa nerviosa nos invade fruto del pavor producto de la apatía, la falta de respeto, la discriminación interesada, cuando se trata de Andalucía y en particular, Sevilla, porque Andalucía no interesa si no es para apuntarse la paternidad del flamenco, de la siesta (denominada “yoga español” después de siglos de crítica despectiva). Si Bécquer era “castellano”, si el Paseo del Prado es el original, muy pronto la Giralda y la Alhambra serán obras explícitamente madrileñas. Da risa cuando el españolismo de pulserita y millones en Bahamas habla de “romper” España y no se dan cuenta, porque no quieren, que España la han roto ellos. Los egoísmos, la intransigencia. Y los abusos. Y la discriminación. Que no es agravio, pero discriminación, toda. Una de las mayores chapuzas del gobierno de Felipe González, vía Pepe Borrell, fue el puente del Centenario. Por ahorrar una ínfima proporción del costo general del viaducto, por no separar seis metros más las columnas, se redujo a dos carriles por sentido. Un sinsentido que ahora nos vemos obligados a pagar con intereses. Con buenos y suculentos intereses.

El protagonista de la discriminación vuelve a ser otro puente: el de la SE-40, más impacto ambiental, invento inexplicado, pretexto para demorar sine die la obra de la necesaria autovía de circunvalación, que no es una obra para Sevilla, sino fundamentalmente para no tener que pasar por Sevilla. Pero está en el entorno de Sevilla y eso ya es suficiente para recibir el boicot del gobierno que nos quiere hacer creer el infumable bulo de que el puente es más barato que el túnel.

¡Qué lástima de sesenta y un diputados!, de sesenta y un elevados sueldos con beneficios adicionales, sólo para beneficio de los diputados y sus respectivos partidos. De vergüenza. La que deberían sentir. Han agotado la chistera del mago y el pobre conejo salió a la fuerza, con las orejas rojas del esfuerzo hecho para no salir porque sentía pudor. Decir que un puente es más económico que un túnel ya no da risa. Desata los nervios pero no mueve a la hilaridad, y sigue creando disparidad discriminatoria; sigue rompiendo la “unidad de la patria”, porque no existe esa figura mientras a unos se trate peor que a otros. Quede claro, entonces, quienes, con nombres y apellidos, fomentan las diferencias, la discriminación, la desunión. Así que mientras unos recaudan todos los ingresos generados y se les suple con dinero detraído a los demás, a otros se les niega terminar la obra con el cuento de que el túnel cuesta más que el puente. Doble discriminación, doble desprecio, triple rasero para medir a quienes, según la verborrea oficialista, debemos marchar unidos. No está unido lo que está roto por ellos, los protagonistas logorreicos que luego, a la hora de la práctica, no tratan igual a todos, dejando siempre la falta en el mismo sitio. Mejor dicho, más directo: en la misma Comunidad Autónoma.

Si el puente fuera más barato que el túnel, el gobierno debería valorar el alto impacto negativo de un puente de bastante más de cien metros de altura junto a las casas de Coria del Río; un puente que, por su altura, necesitaría varios kilómetros de rampa en ambas direcciones. Si lo fuera. Pero como no es verdad, no queda más que una explicación: el gobierno ha sacado un escuchimizado conejo de su chistera para demorar otros cincuenta años la construcción de la SE-40.

Para que después digan quien rompe España.


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