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Charlas con el último barco

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04 sep 2022 / 05:52 h - Actualizado: 03 sep 2022 / 08:52 h.
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  • Charlas con el último barco

Inauguramos nuevo mes; próximamente, nuevo curso, posiblemente, nuevos compañeros, nuevas ilusiones, nuevas etapas... Eso solía decir mi padre: «hija mía, la vida son etapas», entonces me imaginaba a mí misma corriendo una carrera, me sentía satisfecha porque iba adquiriendo velocidad, como si en la «carrera vital» fuese muy meritorio adelantar para... ¿acabar antes? Y posiblemente, ¡justo cuando le habías cogido el truquillo a la carrera!, tiene su gracia... Los «cambios de etapa» suelen ser interesantes, suscitan curiosidad porque, después de todo, no sabes lo que te vas a encontrar; tus «certezas» se remiten a la etapa anterior y éstas podrían servirte o no...

Alma de descubridores

Creo que esas tres palabras reflejan a la perfección nuestro interior humano: alma-de-descubridores. Desde la noche de los tiempos, el ansia de descubrir ha sido motor de la sociedad, ya se tratase de descubrir nuevos territorios, nuevas formas de viajar, nuevos métodos de comerciar, nuevos inventos que facilitasen la vida... El descubrimiento (en todas sus formas) es la chispa que prende la antorcha de la evolución personal, profesional y social; no en vano, el origen del término «descubrir» es «destapar lo tapado», esto es, hallar algo que ya estaba ahí sólo que se ignoraba su existencia.

La curiosidad es la gasolina de las mentes ingeniosas, aquellas que se imaginan que pueden hacer cualquier cosa porque se visualizan a sí mismas escalando el muro de «lo imposible», bien equipadas con las herramientas del «¿y si...?».

Esas mentes ingeniosas no dan nada por sentado, jamás se conforman con el «porque sí«; suelen ser brillantes estrategas porque acompañando a ese «¿y si...?» con el que escalan el muro de «lo imposible», van innumerables horas de trabajo, un concienzudo plan, esfuerzo, dedicación, experimentos, superación de la frustración, del estrés... Todo para disfrutar del delicioso momento Voilà!

Ganancia, guerra, territorio

Ésa es la disección de la idea de «conquistar»: la ganancia, a través de la guerra, de un territorio. En cierto modo, los «descubridores» son «conquistadores» porque se erigen como «ganadores» de un territorio, tanto literal como metafórico: el territorio del respeto, del reconocimiento social, de la satisfacción personal, del escribir su propia línea en la historia... Pero claro, todo esto no ha sido «gratis», la ganancia se debe a una guerra que han librado, no contra otros, sino consigo mismos: la batalla contra las dificultades, la batalla contra la escasez o carencia de recursos, la batalla contra el desánimo, la batalla contra las propias debilidades, la batalla del «me quedo en blanco»... Cuando se van librando esas batallas, una por una, efectivamente, el descubridor se habrá transformado en conquistador, pues quien se conquista a sí mismo, tiene mucho ganado y, lo que es más importante, aprende a sacarle toda la sustancia a cada etapa de la vida, tomando conciencia de lo inútil que es pisar el acelerador...

De ganancia, guerra y territorio nos podrían contar mucho los célebres conquistadores del pasado, ¿te imaginas que nos diría Julio César, Alejandro Magno, Gengis Khan o Ragnar Lodbrok? Recientemente ví una serie sobre la vida de éste último y sin duda, se aprende mucho de estrategia y de la vida en general atendiendo a sus «guerras» (tanto las del campo de batalla como las personales).

Ragnar Lodbrok reinó en Suecia y Dinamarca allá por el Siglo VIII, fue una de esas mentes ingeniosas pues su curiosidad lo impulsaba a ir cada vez más allá con su flota (llegó a las costas de Inglaterra y Francia cuando todos los demás vikingos planteaban que era imposible pero él se cuestionó: «¿Y si no lo es?»). Si no has visto la serie, te la recomiendo y a riesgo de hacerte spoiler, me gustaría compartirte uno de los momentos que me resultaron más interesantes: cuando Ragnar está en su tumba en forma de barco vikingo y, uno por uno, entran sus más allegados a tener su última charla con él... A decirle cosas que siempre habían pensado pero que, en vida, no se atrevieron... Realmente interesante descubrir lo que dice cada cual cuando creen que ya no te volverás a levantar...

Ahí asaltaron mi mente, de nuevo, las palabras de mi padre: «la vida son etapas...». Entonces me imaginé que era yo la que estaba en ese «último barco» de Ragnar, ¿qué conversaciones tendrían conmigo mis allegados? ¿qué no se habrían atrevido a decirme hasta entonces? Cierto escalofrío acompañado de una chispa de curiosidad me recorrió el cuerpo... Creo que es una pregunta interesante que deberíamos hacernos todos: «¿qué me dirán cuando me encuentre en mi último barco?», incluso, también sería bueno plantearse: «¿Y qué le diría yo a ese ser querido cuando haya partido?» Aún me queda mucho por aprender pero creo que lo mejor que todos podemos hacer es disfrutar de la travesía y decirnos tooodo lo que nos tengamos que decir mientras estamos vivos.


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