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Chica busca chica

Vivimos en una sociedad acostumbrada a simplificar la diversidad, abusiva en el uso de estereotipos sexistas

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Pepa Violeta Pepavioleta
26 abr 2020 / 13:03 h - Actualizado: 26 abr 2020 / 13:07 h.
"LGTBI"
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Hoy celebramos el día de la visibilidad lésbica, a pesar de quienes aun piensan que esto ya no es necesario que se visibilice más. Pero como ocurre con todo aquello que es motivo de discriminación, reivindicaremos hasta que el mundo entienda de una vez en qué consiste esto de la diversidad, en su sentido más amplio. Días como hoy, son imprescindibles para cuestionarnos la forma en la que nos dejamos programar. Detectar los mandatos de género y las causas por las que el patriarcado sigue alimentando la lesbofobia. Los medios de comunicación, llenan hoy su parrilla de material con contenido lésbico, pero tristemente de forma excepcional, como si esta realidad no fuera parte de nuestra identidad, inherente a lo humano. El audiovisual ha recogido las relaciones entre mujeres como una parte más del cine romántico, pero en la última década, coincidiendo con el reconocimiento mundial de derechos de los colectivos LGTBI, el tratamiento de este tipo de cine ha cambiado sustancialmente.

El cine y la TV hablan de ellas

Me viene a la cabeza una serie rodada en 2008 que fue una locura en la red. Arrasó en audiencia y superó las expectativas de sus creadores. “Chica busca chica” (producciones Sin Talento), fue una serie española que contaba en clave de comedia la vida de un grupo de chicas lesbianas, sus relaciones y los obstáculos a los que se enfrentaban cada día. Usaron YouTube para su distribución y el éxito llego solo.

En junio del 2014 comenzó a rodarse "De chica en chica” un largometraje producido por Celia Freijeiro y Sonia Sebastian (Pocapena Producciones) basado en la historia de la serie y con los mismos personajes. Una cinta que nació del mecenazgo, para llenar un vacío en el cine independiente. La sociedad exigía aperturismo y “normalización” y los/as profesionales del cine y la TV lo tenían claro, era el momento de contar historias lésbicas reales y diversas. Gracias al crowdfunding y la participación en cooperativa del equipo, este proyecto ambicioso y arriesgado pudo ver la luz. En medio de estas apuestas, una chica con el pelo azul estremeció a medio mundo con una interpretación bestial, en “La vida de Adèle” (2013). En 2018 también conocimos el amor gitano entre dos mujeres con “Carmen y Lola” y volvimos a tomarle el pulso a las relaciones clandestinas con “Vita y Virginia” (2018) y “Elisa y Marcela” (2019). Y es que las mujeres que aman a otras mujeres también llevan el pelo azul, escriben poesías, son gitanas y payas, pobres y ricas, con o sin hijos/as, empresarias... son todo lo que quieran ser. Por eso, mostrar diversidad es invertir en libertad. No existe una estética lesbiana, por mucho que se empeñe el patriarcado en vendernos a mujeres peludas y poco agraciadas, como cliché de todas aquellas a las que no pueden someter.

La misoginia que enferma el mundo

Vivimos en una sociedad acostumbrada a simplificar la diversidad, abusiva en el uso de estereotipos sexistas. La interiorización que hacemos de ellos limita nuestra capacidad de desmenuzar una realidad compleja. Un autoengaño que nos allana el camino pero solo de forma superficial. En el momento que nos cruzamos con personas o situaciones que no encajan en ninguno de nuestros patrones mentales, se desmonta todo nuestro sistema de creencias. El feminismo cuestiona una y otra vez, precisamente, nuestro sistema de creencias, por ser limitante, castrador... puesto al servicio de un grupo de hombres que invisibilizan nuestros propios deseos, la forma en la que mostramos nuestra feminidad, nuestro poderío para decidir no elegirlos como compañeros de cama, ni de vida. Cuando el macho alfa se siente desplazado, empieza el ataque para recuperar la posición de dominio y privilegio y para ello hace uso de la misoginia. Los hombres no quieren mujeres que se amen entre ellas, esto implica sacarlos de sus privilegios y posición de dominio. Como dice J.A Marina “el amor es utilizado como herramienta para someter... reclamando sumisión en su nombre”. Las relaciones lésbicas que ellos aceptan, son esas caricaturas grotescas que nos venden con porno barato. Escenas recreadas para satisfacer exclusivamente sus fantasías sexuales. En la vida real, el androcentrismo manda. Ellos, necesitan ser el centro de todo, incluidas las pasiones.

Lesbofeministas

Aprender a amar la diversidad empieza por abrirle paso al conocimiento. Un mundo despierto, sensible y receptivo a los cambios, solo es posible si le dedicamos tiempo a conocer el relato de generaciones pasadas y presentes y a partir de ahí construir pensamiento crítico. Una buena opción para empezar puede ser acercarse al archivo histórico del movimiento, propiedad de la lesbofeminista y artista mexicana Yan María Yaoyólotl Castro. Un recorrido histórico de la lucha por los derechos de la mujeres lesbianas desde los años setenta hasta el 2018. Con más de nueve mil documentos, catalogados en treinta tomos. Además de dar cuenta de la lucha del movimiento de lesbianas feministas en México, este archivo resguarda la existencia de las primeras organizaciones lésbico-feministas de país.

Adrienne Rich, es otra lesbofeminista de referencia. Fue madre de tres hijos hasta que decidió someterse a un tratamiento para no traer al mundo ninguno más. Liberarse de la culpa no fue fácil, pero al final lo consiguió y empezó a dedicarse de lleno al activismo. Ha pasado a la historia por cuestionar la heterosexualidad como régimen político. Igual que también hicieron otras como Rita Mae, Audre Lorde o Marilyn Frye. Todas ellas, como dice una canción de Mecano, construyeron su pared con las piedras que les lanzaron. Una sociedad ahogada en la ignorancia y la misoginia, no es una sociedad libre ni sana. Por eso, días como hoy siguen siendo necesarios. Agradecer la valentía de todas ellas, las que ya hicieron camino y las que ahora pisan sus huellas. PEPA VIOLETA


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