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Los medios y los días

Covid, medio ambiente y comida a la basura

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07 abr 2021 / 04:46 h - Actualizado: 06 abr 2021 / 19:50 h.
"Los medios y los días"
  • Covid, medio ambiente y comida a la basura

A lo largo de todo el mes de febrero de 2020, en algunas zonas de China -el país más contaminador del mundo junto a EEUU-, como en la provincia de Hubei, el promedio de días sin contaminación atmosférica aumentó en un 21,5% en comparación con las mismas fechas del año anterior, según un informe del Ministerio de Ecología y Medio Ambiente de China. Asimismo, las imágenes de satélite publicadas por la NASA y la Agencia Espacial Europea mostraban una reducción drástica de las emisiones de dióxido de nitrógeno en las principales ciudades del país.

En España, en Barcelona, el dióxido de nitrógeno había descendido durante el Estado de Alarma entre un 70 y un 80% con respecto al período anterior a la crisis. Una tendencia a la baja que también se cumplió en Madrid, donde las autoridades municipales informaron que los gases de efecto invernadero se redujeron de media un 57% desde el inicio de las medidas de confinamiento. Un estudio de la Universitat Politécnica de Valencia constataba que los cielos españoles estaban de media un 64% más limpios. Barcelona, Castellón y Madrid, con una reducción de la contaminación del 83, 76 y 73 por ciento respectivamente, fueron las principales ciudades beneficiadas.

Pero la pandemia nos ha traído también su cara negativa con el aumento de los desechos de plásticos y mascarillas. La Agencia IPS informa que este hecho afecta especialmente a los más vulnerables. Se está produciendo un aumento asombroso en el uso de desechables como mascarillas y protectores faciales, guantes, trajes médicos protectores, kits de prueba, botellas y recipientes de comida o empaques de entrega, entre otros. Por ejemplo, las ventas globales de mascarillas desechables podrían haber alcanzado unos 166.000 millones de dólares en 2020, un aumento 200 veces mayor en comparación con 2019, cuando se vendieron 800 millones de dólares.

En Singapur, durante un cierre de ocho semanas, se generaron 1.470 toneladas adicionales de desechos plásticos solo a partir de envases para llevar. En Teherán los desechos médicos de los hospitales pasaron de entre 52 y 74 toneladas diarias a entre 80 y 110 toneladas cada día, durante los primeros meses de pandemia. En Wuhan, en China, los desechos médicos aumentaron seis veces, a 240 toneladas por día durante la pandemia, sobrecargando la capacidad de incineración de la ciudad, de 49 toneladas diarias. Un solo hospital en Jordania multiplicó por 10 sus desechos médicos diarios, atendiendo solo 95 pacientes por Covid. De 1950 a 2015, se produjeron 8.300 millones de toneladas métricas de nuevos plásticos, y si estas tendencias continúan, para 2025, habrá suficiente plástico para cubrir cada metro de costa en todo el mundo con 100 bolsas.

Me aterra este panorama porque lo veo en mi consumo personal. Cuando llego del supermercado traigo una cantidad exagerada de plástico, los expertos afirman que el empleo “omnipresente” de plásticos de un solo uso es un tema de justicia ambiental, perjudica a los más vulnerables, y “planteará obstáculos sustanciales para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Cada día tiro a la basura dos o tres envases. Y hablando de basura, es tan aterrador como el problema del plástico -o más- lo que podemos leer en el diario Público: los hogares españoles llevan un lustro tirando a la basura una media de 1,3 millones de toneladas de comida al año, más de 3.500 kilos al día, lo que sería suficiente para alimentar a más de un millón de familias.

"En los últimos años el desperdicio en los hogares ha fluctuado alrededor de 1.200-1.300 millones de kilos", indica el Gobierno en la respuesta del Gobierno a una pregunta parlamentaria del senador malagueño del PSOE Miguel Ángel Heredia, que se había interesado por saber “cómo han variado los datos de desperdicio alimentario en los últimos 5 años en nuestro país".

Como este presente no me gusta nada, uno acude a su pasado, cuando mi madre me mandaba a la tienda a comprar algo o ella iba al mercado y llevábamos nuestro canasto o carrito y los vendedores usaban papel de estraza para envolver muchos productos. En aquel tiempo se reutilizaba casi todo y no existía esa canallada de la obsolescencia programada y sin embargo no reventaba la economía ni la empresa. Luego regreso al presente y acepto que, aunque creo que todo el desaguisado se irá arreglando tras catástrofes que ya no viviré, estoy mentalizado para que mi especie desaparezca como civilización. No pasaría nada. En efecto, a nivel cósmico, apenas poseemos significado.


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