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Los medios y los días

Credibilidad y politización en la TV pública

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12 sep 2022 / 04:00 h - Actualizado: 12 sep 2022 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Credibilidad y politización en la TV pública

A veces me preguntan desde círculos universitarios por la credibilidad en la televisión pública. Se trata de investigadores jóvenes que desarrollan trabajos y tienen el detalle de consultar con los que ya somos investigadores senior. No suelo alargarme en mis respuestas porque creo que ya está casi todo dicho y, más en concreto, por mi parte, varios libros recogen mis análisis.

En pocas palabras, la credibilidad, en periodismo, es el enfoque de un acontecimiento debidamente contrastado, utilizando fuentes de información fiables y sin rasgos intencionados ideológica ni políticamente. Los parámetros que definen la credibilidad se resumen en menos palabras aún: la exposición rigurosa de hechos e ideas de todas las tendencias. ¿Cómo puede lograrse lo anterior? 1. Dejando que el profesional de la información aplique los códigos deontológicos, no interfiriendo en su trabajo. 2. Procurando que los profesionales sean personas que dejen sus simpatías ideológicas y sus emociones en la puerta. 3. Evitando convertir la comunicación en un simple maniqueísmo, esto es, fulano es el bueno y mengano es el malo, lo cual demuestra una pobreza intelectual evidente.

¿Cómo puede mantenerse la credibilidad, si es que se logra? Mediante los consejos de redacción y mediante la vigilancia de organismos públicos formados por profesionales de la comunicación y la información sin vinculaciones abiertamente partidistas. Desvinculando a la TV pública de la política en general.

Bonita teoría, ¿verdad? El humano arregla el mundo en un momento, no olvidemos esa frase que lanzamos de vez en cuando: “Si yo estuviera mandando...”. Si usted estuviera mandando, leches, porque usted no es libre, no es un autócrata ni un déspota ni un sátrapa ni un faraón, todos ellos, con su poder omnímodo, también tenían que ir con tiento. La credibilidad en los medios termina a menudo por perderse. ¿Por qué se pierde? En este caso que nos ocupa, por la vinculación entre política y TV. Es muy tentador para cualquier partido en el poder utilizar la TV pública como aparato de “propaganda”. ¿Quiénes podrían garantizar una duración de la credibilidad? Los propios profesionales de la comunicación siempre que se les deje trabajar y lo hagan al margen de vinculaciones con grupos políticos o de poder en general. Y mediante instituciones formadas por profesionales cuyos intereses estén al margen de la política.

¿Cómo hay que proceder para favorecer la credibilidad?

■ 1. Con una ley específica de TV como servicio público, cuyo cumplimiento sea vigilado desde instituciones profesionales al margen de las instituciones políticas y de poder en general. En esto la universidad y sus expertos librepensadores tienen un papel esencial.

■ 2. Con el convencimiento de que la TV pública no es un medio de masas que deba competir con la TV privada comercial. ¿Qué es eso de someter a lo público al escarnio de pasar por las leyes del mercado, basadas en lo cuantitativo, fundamentalmente?

Hay cinco ideas, indicadores, conceptos o valores que simbolizan, reflejan o representan la credibilidad en la televisión pública.

■ 1. Ausencia de interés manipulador o persuasivo.

■ 2. Cumplimiento de los códigos deontológicos.

■ 3. Ausencia de amiguismo o compromisos con cualquier grupo de poder.

■ 4. Deseo de que el rigor prime sobre las emociones.

■ 5. Centrarse sólo en los hechos y en fuentes solventes y plurales –de todo tipo- que los interpreten.

¿Ha llegado hasta aquí leyendo? Pues gracias por su cortesía, ahora relájese y no piense en el asunto porque en España, salvo milagro, la TV pública va a seguir como está per saecula saeculorum, si es que no la cierran antes los neocapitalistas. TVE tiene un sesgo adoctrinador posmoderno que apesta y la gestión de Canal Sur se la van a repartir el PP, PSOE y la izquierda porque aunque el PP tenga mayoría absoluta necesita más escaños para elegir a los miembros que determinan la línea de trabajo de los profesionales. Los jueces están sometidos a los políticos, las televisiones públicas, también. Esto puede parecer lógico porque los políticos representan a los ciudadanos. De acuerdo, y sin embargo a mí no me convence. Pueden dejar fuera a los mejores, desgastando más todavía la separación de poderes.


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