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La Tostá

Cuarenta y siete años sin Caracol

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
24 feb 2020 / 08:31 h - Actualizado: 24 feb 2020 / 08:39 h.
"La Tostá"
  • Cuarenta y siete años sin Caracol

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Cada 24 de febrero, sin fallar ni un año, suelo tener un recuerdo para el gran genio del cante Manolo Caracol. Hoy hace 47 años de su muerte en accidente de tráfico cuando se dirigía desde su casa a su tablao madrileño de la calle Barbieri. El artista sevillano de la Alameda de Hércules, tataranieto de El Planeta, biznieto de Curro Dulce e hijo de don Manuel Ortega Fernández, el primer Caracol de la historia del cante, era un niño prodigio del flamenco cuando el gran Chacón lo descubrió y se lo llevó a Granada, al Concurso de Cante Jondo de 1922.

Allí, en un bar, les dijo el maestro jerezano a Falla y Lorca que en aquel niño acababan todas las terminaciones nerviosas del cante jondo. Regresó a la Alameda siendo una figura de 12 años y el cante grande ya nunca sería el mismo: el descendiente de los Ortega y los Monge de Cádiz lo iba a cambiar de arriba abajo, pero con la ayuda de otros tres genios, como fueron el Niño Marchena, Pepito el Pinto y El Carbonerillo. Es cierto que estaban también Vallejo, la Niña de los Peines, su hermano Tomás y el gran brujo gitano Manuel Torres, pero Caracolito había llegado para quedarse y con él una revolución cantaora.

Cuando me preguntan por Caracol y Mairena, como rivales, siempre digo que no hubo tal rivalidad porque cuando Manuel Ortega Juárez se hizo figura, en los años 20, Mairena no existía como cantaor. Cantaba en su pueblo y en otros cercanos al suyo, pero no era conocido. Y cuando le dieron la Llave del Cante en Córdoba, en 1962, Caracol era ya un veterano cantaor de vuelta de todo que lo que quería era abrir un tablao en Madrid para alejarse de los escenarios. Es lo que hizo en 1963, abriendo Los Canasteros, uno de los mejores tablaos de la historia del cante.

La rivalidad de Caracol fue con Marchena, Vallejo, la Niña de los Peines y Juanito Valderrama, pero no con Mairena, por mucho que lo digan los mairenistas. Incluso alguien insinuó un día que cuando la Guerra de Civil de 1936, Caracol quiso mover los hilos para que le dieran el paseo al mairenero, “por republicano y homosexual”. O porque le estorbaba para ser el amo del cante gitano, como era Caracol. La de mentiras que se han dicho en la historia del cante. En 1936, Mairena seguía sin ser una figura, así que no podía haber sido un estorbo para don Manuel.

Caracol no murió aquel fatídico 24 de febrero de 1973, porque los genios no mueren nunca. Casi medio siglo después de su marche su escuela sigue muy viva y da alegría que artistas jóvenes como Antonio Reyes o Rancapino hijo hagan uso de su inmenso legado musical. Publicar sus obras completas es una imperiosa necesidad porque los jóvenes no conocen la obra de Caracol, como apenas conocen las del Niño de Marchena o Manuel Vallejo. Como el genio gitano tiene un monumento en la Alameda que le pusieron sus admiradores, con eso basta, ¿no? Pues no. Urge publicar su legado discográfico al completo y encargar una buena biografía. Blas Vega la dejó hecha, pero la muerte del escritor paró el proyecto.

Como cada año, en un día como hoy, me encierro en mi despacho, a oscuras, y escucho sus cantes durante dos o tres horas. Soy caracolero hasta la médula. Proclamado queda, aunque a nadie le importe.


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