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Angostillo

De la mano de María

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Isidro González IsidroGonzez
15 sep 2023 / 04:00 h - Actualizado: 15 sep 2023 / 04:00 h.
"Cofradías","Angostillo"
  • Nuestra Señora del Valle.
    Nuestra Señora del Valle.

Comenzamos un nuevo curso cofrade y qué mejor hacerlo que de la mano de la Virgen María. Son tantas y tan arraigadas las fiestas dedicadas en su honor que todo septiembre es un auténtico mes mariano. Atrás quedó el día 8, fiesta de la Natividad tan vinculada con la histórica imagen gloriosa de la Virgen de la Hiniesta, secular protectora de la ciudad y su Ayuntamiento, en vísperas del XXV aniversario de su coronación canónica. Además, la celebran advocaciones como Consolación Madre de la Iglesia (Sed) o Regla (Prendimiento), las de gloria de Guadalupe (San Buenaventura), Juncal, la Luz (San Esteban) o la Divina Pastora (tanto en Triana como en su primitiva hermandad de Santa Marina). El día 12, fiesta del Dulce Nombre de María, contó con concelebraciones en honor a las Dolorosas de este título en San Lorenzo y Bellavista. Y hoy 15 de septiembre, conmemoración de los Dolores de la Santísima Virgen, citemos las solemnes funciones que dedican cofradías tan señeras como la Amargura, Penas, Valle, Gran Poder, la Sagrada Mortaja, Servitas o la Soledad de San Lorenzo, junto a cofradías más modernas como las de Jesús Despojado, Cerro del Águila, Dolores de Torreblanca o San José Obrero. Después, el día 24, festividad de Nuestra Señora de las Mercedes, será especialmente vivido con fervor en Santa Genoveva, Pasión o la Puerta Real. Todo un impresionante mosaico de títulos y devociones marianas -junto a alguna que a buen seguro quedará en el tintero-, cuyos cultos y celebraciones son ocasiones para el reencuentro con la actividad cofradiera para un gran número de hermandades y qué mejor forma que hacerlo venerando a la Madre del Redentor.

De la mano de María
Nuestra Señora de la Amargura.

En la reciente carta de los Obispos del Sur de España “María, Estrella de la evangelización”, magnífica brújula para la orientación de los cofrades -dirigentes y fieles de a pie- en estos años en torno al Jubileo de 2025, leemos que Jesús, al escuchar las palabras “Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron” (Lc 11, 27), “sin rechazarlas, invitó a todos los presentes a recorrer el camino mejor, el que consiste en escuchar la Palabra de Dios y cumplirla”. Y añaden los prelados que “aquel grito espontáneo lleno de cariño se convirtió en ocasión propicia para que Jesucristo declarara una nueva bienaventuranza que señalaba directamente a su Madre. Si la Virgen María es dichosa por haber acogido en sus entrañas y haber dado a luz al Verbo eterno hecho carne, es aún más dichosa por escuchar la Palabra de Dios y llevarla a cumplimiento”.

De la mano de María
María Santísima de los Dolores (San Vicente)

Este documento episcopal presenta una valoración muy positiva de la piedad popular, que “llena de afecto la vida cristiana, recoge lo mejor de cada cultura y lo convierte en expresión viva de la fe. A través de ella, la fe ha entrado en el corazón de los hombres, formando parte de sus sentimientos, costumbres, sentir y vivir común”. Piedad popular que descansa en su mayor parte en la labor que desarrollan las numerosas hermandades y cofradías existentes en nuestro entorno. Aunque, al mismo tiempo, señala algunas deficiencias y límites de esta realidad tan nuestra, principalmente “si se reduce a una manifestación meramente cultural, sin adhesión de fe” o “se convierte en una práctica tradicional llevada a cabo por personas que han perdido la conciencia de su significado original”. Pero, lo que es más importante, también ofrece líneas de actuación para fortalecer la realidad actual y la perspectiva de futuro, aunque éste se prevea incierto y con dificultades. Animando a los cofrades a la “doble tarea de la evangelización y de la transformación del mundo” y utilizando expresiones de los últimos Papas, definen con audacia a las hermandades y cofradías, comprometiéndolas, nada menos que como “fragua de santidad” -para no conformarnos con una vida cristiana mediocre-, “escuelas de vida cristiana”, “refugios de misericordia” y “portadoras de esperanza”.

De la mano de María
Nuestra Madre y Señora de la Merced

Volviendo los ojos a Nuestra Señora ante el ejercicio que ahora iniciamos, “busquemos siempre el abrazo materno de María Santísima, sabiendo que es la fe cristiana, es la devoción a María, es el deseo de imitarla lo que da autenticidad a las manifestaciones religiosas y marianas de nuestro pueblo”. Ante los cultos solemnes y las frecuentes procesiones marianas que en estas semanas rebrotan por calles y ciudades con fuerza y belleza bien visible, recuerdan nuestros obispos que «debemos recibir, cada día más, a María Santísima como Madre, tal como nos pidió Jesús en la cruz antes de entregar su último aliento” ya que “con la Virgen María recibimos, custodiamos y transmitimos a Cristo, el Salvador”.

Buen momento es este reinicio de la actividad cofrade para mirar a la Virgen de septiembre, cuyo rostro multiforme y plurales advocaciones abarcan y sostienen el vasto mundo de la piedad popular, y pedirle a nuestra Madre que no nos suelte de su mano. Que asidos a ella vivamos estos próximos meses en nuestras hermandades y cofradías con la inquietud de mirar más hacia adentro de nuestro corazón que hacia afuera, donde habita el ruido sin compromiso. De cultivar la cercanía con las imágenes sagradas en las capillas y con los hermanos en las casas de hermandad frente al postureo o a “acentuar los aspectos emocionales y sensacionalistas de los fenómenos religiosos”. De fijarnos, en fin, en la sencillez de esta santa Mujer de Nazaret, pura belleza en la limpieza de su mirada, en su vida escondida que dio tanto y tan excelso fruto, en los dolores que le acompañaron toda su existencia y tanto ayudan para llevar los nuestros. Con la melodía de Font de Anta sonando de fondo, abramos este curso como inició el poeta Gerardo Diego su Vía Crucis: “Dame tu mano, María...”.


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