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Demasiado grandes para dejarlos caer

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09 jul 2022 / 13:21 h - Actualizado: 09 jul 2022 / 13:24 h.
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  • Planta solar de Abengoa en Sanlúcar la Mayor.
    Planta solar de Abengoa en Sanlúcar la Mayor.

El país no avanza. O sea: el Estado. La empresa no crece ni se renueva. La investigación sigue reservada a algunos rincones de algunas universidades, para la empresa es casi inexistente. Constructoras, eléctricas, energéticas y promotoras inmobiliarias siguen negándose a diversificar sus negocios como si ese fuera el más nefasto pecado de la economía, mientras pruebas sobran de que la diversificación dificulta la caída de grupos empresariales. Otra historia es que los gobiernos colaboradores del gran capital al que sirven, activen medios para hacer caer grandes empresas y grandes grupos, cuando no gozan de las simpatías del oligopolio como se está viendo en el lamentable ejemplo de ABENGOA, en este caso una crisis inducida por la banca y la bolsa, será por eso por lo que el gobierno se niega a recuperarla. Después de todo siguen la tónica de los últimos ciento ochenta años, según la cual cuanto menos industria tenga Andalucía mejor para quienes rigen el Estado y para quienes mandan en él. Para lo que conviene a las duras entendederas del empresariado, por el principio de “hacerse demasiado grandes para quebrar” se debe crecer como forma de asegurarse el rescate, salvo si el rescate no es deseado por el propio capitalismo factótum.

Los sectores de mayor peso en la economía son sectores que lastran el crecimiento porque están orientados exclusivamente a acumular capital por un número muy reducido de personas, por lo que no aportan valor añadido. Una muestra de la codicia y ruindad de la gran empresa en España, es el precio de los carburantes: en gasolineras españolas en Gibraltar, es inferior a la mitad de lo que cuesta a sólo unos metros. Con tanta mezquindad, todas las subvenciones y rebajas de IVA serán inútiles. De las cinco grandes eléctricas que operan en el Estado, sólo dos no forman parte de grupos con sede en otro Estado. Dígase que España crece pero ¿en qué porcentaje respecto a Europa? Y Andalucía ¿en qué porcentaje respecto a España? Esa es la verdadera vara de medir y eso es lo que cuenta: cada vez estamos más lejos de los de cabeza. Un Estado no puede vivir sólo de empresas estratégicas, menos aún si la mayoría depende de decisiones tomadas fuera. O, menos aún, que la construcción sea el principal “motor” de la economía, una actividad no creativa, no productora de valor añadido, cuyo único resultado práctico es acumular más dinero en menos manos, estrategia para empobrecer al pueblo y al Estado.

El precio de la vivienda ha subido un 80% en los últimos diez años. En el mismo período los sueldos han subido poco más del diez por ciento. No son los salarios los que hacen subir los precios. Ni los salarios, ni los materiales. ¿El suelo? Quizá sea el principal responsable, pero no el único ni en tal proporción. Lo escandaloso es el brutal beneficio de bancos, eléctricas y constructoras-promotoras. El beneficio, los repartos de dividendos y los sueldos astronómicos de sus altos directivos. Eso es lo que justificaría con creces una intervención del Estado. Pero para que el Estado intervenga en esas grandes empresas o siquiera ponga freno a tan desmedida especulación es necesario impedir que esas grandes empresas sigan interviniendo en el gobierno y la Administración del Estado.

Es increíble cómo las últimas decisiones tomadas por el Gobierno, son boicot permanente por las reclamaciones de la oposición, que requiere más control de la mayoría y más privilegios para el capital. Ni siquiera en los países más capitalistas es posible ver semejante desajuste social. Cuando menos, será que disimulan mejor o que son más civilizados e inteligentes. Y menos egoístas. Porque sólo hablar de acercarse al nivel salarial del resto de Europa, hace saltar como fieras a la CEOE en la persona de su presidente y a los partidos oficialmente de derechas. Para ambos, por lo visto, lo “normal” es que una vivienda cueste en España lo mismo que en Suiza, pero el salario no llegue a la quinta parte.

¿Tanto han subido los emolumentos de los consejeros que no necesitan acudir a su despacho?

Dado que el votante permite y ayuda a mantener el creciente poder de los grandes capitales, no va a ser necesario que el Nuevo Orden Mundial, tan festejado por ciertas ministras del gobierno español controle con chips el comportamiento de la gente. Todavía no los han necesitado.


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