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Derecho al olvido

07 jun 2018 / 21:46 h - Actualizado: 07 jun 2018 / 22:27 h.

Hace solo unas décadas todos teníamos un pasado, pero se podía esfumar en el presente y dejarte vía libre para el futuro. Hoy es imposible. Somos esclavos de las redes sociales, que nos recuerdan con frialdad todo lo que dijimos tiempo atrás.

No hay escapatoria. Da igual lo que digas después, porque estás condenado. Y es triste, porque aunque hay personajes de baja calaña, a los que todos conocemos, y que no han cambiado de opinión, también hay otras personas que expresaron una opinión hace tiempo con la que quizás no se identifiquen ahora. Pero da lo mismo.

Da igual si eres una persona tolerante, si hace años escribiste un chiste sobre negros. Da lo mismo si eres comprensivo y apoyas al movimiento gay, si te pillan con algo escrito en Twitter que insinúe lo contrario. Todo eso no merece la menor atención hasta que no te conviertes en alguien conocido o en puesto de responsabilidad, que es cuando empieza a aflorar la mierda.

Y es que posiblemente todos hayamos escrito algo en las redes sociales de lo que algún día nos arrepentimos. Y lo olvidamos, porque se hizo simplemente como broma, chiste o, a veces, opinión propia. Y puede que luego hayamos madurado, evolucionado y aprendido de los errores. Pero eso siguió ahí, como un virus latente, hasta que algún Doctor Fleming de la porquería le dio por rescatarlo, para enseñar al mundo nuestras vergüenzas pasadas.

Y en estos tiempos de la libertad de expresión, también debería existir el derecho al perdón por los errores.

Pero no.


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