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Desvariando

Descubriendo La Puebla del Río

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
25 sep 2021 / 04:00 h - Actualizado: 25 sep 2021 / 04:00 h.
"Desvariando"
  • Descubriendo La Puebla del Río

Cuando uno se va a vivir a un pueblo tiene la obligación de conocerlo de cabo a rabo, y es lo que intento hacer desde hace tres años. Al haberme criado en Palomares del Río, y haber estudiado en Coria, La Puebla no era para mí un pueblo desconocido. Recuerdo que de niño iba a veces a ver si me encontraba a Los Romeros por las tabernas y otras a coger albures en los canales de agua del arroz. Siempre me pareció un pueblo muy pueblo, de una luz especial. Como quería ser torero para sacar a mi madre de la pobreza, solía ir también a buscar vaquillas bravas sueltas para probarme como posible espontáneo en la Maestranza, algo que nunca hice. O sea, que me atraían muchas cosas de esta localidad en la que un primo hermano, Manuel Ponce Casado, se echó por novia a una Parrilla, Visitación. Vivo en los pinos y siempre que puedo me pierdo para ir descubriendo rincones donde comer. Descubrí pronto El Manriqueño, en Colina, de donde es la cantaora María la Colina, una fiera de las sevillanas. En este restaurante en plena naturaleza puedes comer el albur marinado, las colas de cangrejo de río en tomate frito y el pato con arroz, como en pocos sitios. En el pueblo frecuento algo El Rezón, donde puedes almorzar viendo el río que va a Sanlúcar de Barrameda, que no es mal destino. Manolo el del Rezón, el dueño, es un personaje simpático y servicial, y un buen vecino. El otro día descubrí el restaurante o mesón de la Dehesa de Abajo, donde hay un monumento al mosquito, con la paliza que nos dan en verano a los que vivimos entre pinos o cerca de los canales. La Dehesa de Abajo es un lugar que tienen que visitar porque, además de que es una reserva natural concertada en la que se pueden ver paisajes y aves que son un espectáculo, su restaurante es maravilloso y muy económico. Tiene un buen servicio y si les gusta el arroz con setas, pato, pollo o carrillada, es su sitio. Eso sí, vayan solo cuando tengan mucha hambre, porque son generosos con los platos. Acabado el almuerzo, lo ideal es darse un paseo para que la comida no se quede toda en la cintura. Verán cigüeñas para una buena temporada y respirarán un aire más puro que un martinete de Triana. Es un lugar para desconectar, sin duda, a solo diez o doce kilómetros del pueblo, pasando La Cañada de los Pájaros y la famosa Venta el Cruce, dejando Colina a la derecha. Un verdadero privilegio vivir en esta zona de Sevilla, tan pura y hermosa, con una gente, los cigarreros, de una amabilidad única. Quien vive en La Puebla vive dos veces: una para dormir a gusto y otra para vivir de verdad.


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