lunes, 14 octubre 2019
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Descubriendo las caricias del alma

María Graciani m_graciani /
04 nov 2018 / 07:30 h - Actualizado: 01 nov 2018 / 22:18 h.

Esta mañana me he sentido como Cristóbal Colón, he empezado la jornada en "modo descubrimiento", y ¿descubrimiendo el qué?, esperad que ahora os cuento. Ya sabéis que me encanta jugar con las palabras e incluso inventar algunas nuevas para renovar el fondo y la forma de nuestras realidades humanas y empresariales y, de paso, abrir los ventanales de la mente para que se ventilen nuestra imaginación y pensamientos gracias a la refrescante brisa del ingenio, la pasión y el sentido del humor.

Hoy ha sido distinto, porque en este caso, en lugar de inventar yo la palabra, ¡la palabra me ha inventado a mí!, es decir, el concepto ya estaba ahí, creado, esperando a que alguien lo descubriese y sacase el delicioso jugo de su sabiduría y experiencia, porque sí, las palabras (reflejos del pensar y del sentir humano) son sabias y expertas, son la condensación de horas de reflexión, el titular que encierra una difícil decisión, una idea que fue concebida con pasión o, porque no, puede ser incluso la conquista de todo un batallón que, tras años de contienda, encontró por fin la solución en un tesoro que lo lleva a "Puerto Comprensión": la palabra. Por eso os decía al principio que esta mañana me he despertado en plan Colón, porque he descubierto una palabra y, entre las dos, ("esa palabra" y yo) hemos pactado una conquista recíproca: yo la he conquistado a ella (pues a partir de ahora voy a compartirla, ponerla en práctica y hacerla mía "cada dos por tres") y ella me ha conquistado a mí (ha conseguido calar en mi mente de tal forma que ya ha empezado a desarrollar su propia colonia).

El mérito es de los aztecas

Y la palabra en cuestión es "apapachar" que viene del náhuatl y significa "acariciar con el alma". El náhuatl es la lengua que empezaron a hablar los aztecas allá por el siglo XIII, fijaos, ya desde entonces se habían inventado las "caricias del alma" y qué novedoso nos suena ahora... Lo que me lleva a preguntarme ¿en qué momento del camino nos despistamos? porque es sorprendente que un concepto tan importante para la realidad humana, como son las "caricias del alma", cayera en el olvido.

En la Era de la inmediatez, acariciar se ha convertido en algo prescindible. Ya no sabemos acariciar el cuerpo (¡con que imagínate el alma!) porque "acariciar" requiere tiempo, para "acariciar" hay que estar muy cerca de alguien o algo, deleitarse con su tacto, transmitirle amor y ternura... Pero en lugar de proximidad, deleite y transmisión, en nuestra sociedad suelen primar la distancia (física -no nos tocamos, nos mantenemos alejados- y emocional -y, por ende, desconfiamos-), el probar sin detenerse y la desvinculación, pareciera que sólo "acariciamos", con genuína dedicación, el cargador del móvil cuando nos estamos quedando sin batería. ¿Te has fijado? hay un auténtico apego al cargador físico (el del móvil) pero ni siquiera reparamos en el cargador emocional (las personas y el "apapachar"), será por eso que, más veces de las que confesamos, andamos a "medio gas", nos descargamos tan deprisa... (y es que no hay sustituto posible para la "batería humana").

Forma de tu vida...

¡Qué bonito lo decía Manuel Altolaguirre! "Tengo yo la entrada de tus recuerdos, quietos, encerrados en mis caricias: forma de tu vida" y es que hay formas y formas de vivir... Y la forma de tu vida será más armoniosa y bella cuando haya sido "apapachada", es decir, acariciada y deleitada con experiencias y emociones de las que ponen en marcha mentes y corazones. Acariciar con alma ("apapachar") significa poner todo tu yo a disposición de todo el tú y paradójicamente, lejos de vaciarte, te llenas, te sientes más pleno porque al acariciar el alma de otra persona se genera una sinergia transformadora que te llena de energía, confianza, serenidad... Acariciar con el alma es sumar más valor (la esencia del tú) al valor (la esencia del yo).

Las palabras nacidas del corazón son expertas "acariciadoras", guíate por estas avezadas maestras y ya verás como mañana despiertas en "modo Colón" haciendo algún descubrimiento molón.


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