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Los medios y los días

Desfilando con pijamas de madera

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30 sep 2021 / 04:03 h - Actualizado: 29 sep 2021 / 19:09 h.
"Los medios y los días"
  • Desfilando con pijamas de madera

Así es, señoras y señores, vamos desfilando hacia San Fernando o cualquier otro lugar donde criar malvas aunque ya ni eso, porque nos quemamos con frecuencia -nos queman- y rompemos así la dinámica natural de la vida. Me acuerdo cuando los sevillanos nos resistíamos a ser quemados después del óbito, naturalmente, que antes ya nos quemamos bastante por las calles de Sevilla o en nuestras playas de Matalascañas, Mazagón, Punta Umbría y Chipiona, principalmente. Y nos quema la vida por dentro, yo creo que si uno se muere a una edad avanzada o muy avanzada lo de morirse no tiene que ser tan angustioso porque el cuerpo te va preparando, no le quedarán ni ganas de quemarse más y le dará lo mismo que lo quemen como que lo entierren.

Junto con los congéneres a los que les toca por edad, observo que van desfilando los de la generación Beatles, como Joaquín Arbide, Juan Bosco, Javier Aristu... ¡Qué recuerdos con cada uno de ellos! Con Joaquín en el mundo de la cultura y el periodismo, con Juan en el mundo del sindicalismo y de la universidad (cómo le gustaba Walter Benjamin); con Javier en el mundo de la política. Detrás de la generación Beatles viene la mía, la generación Pink Floyd, el maravilloso e insuperable rock sinfónico que los Beatles dejaron esbozado en algunos de sus discos como en el último, Abbey Road. Así que cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar.

De los que más o menos les tocada desfilar con el uniforme de madera se nos ha ido La Esmeralda. Yo no fui nunca a esa caseta suya de la Feria pero sí a su espectáculo en el chiringo de la carretera de La Rinconada. Lo pasé en grande. Ya sabemos lo mal hablada que era, por eso ni nos asustábamos antes ni nos asustamos ahora al menos los de mi quinta y predecesores. Cuando estaba allí sentado viéndola yo usaba pelo largo y barba, me preguntó: “¿pero tú quién ereh chiquiyo?”, me llamó Sandokán y dijo aquello que decían algunas mujeres enfervorecidas: “Quiero un hijo tuyo”. En un momento del espectáculo procedió a cantar lo de “banderita tú eres roja, banderita tu eres gualda”, al tiempo que agitaba una pequeña bandera española desde el escenario. Uno de los espectadores le gritó algo así como: “Esmeralda, ¿te vas a meter ahora en la Cruz Roja?”. Y ella contestó algo que no me atrevo a reproducir con exactitud pero que, finamente, quería decir que sí, que iba a afiliarse a la Cruz Roja con la finalidad de obtener dinero para poder alargar el miembro viril del preguntón. Será muy borde pero aún me río cuando recuerdo las palabras exactas. Grande Esmeralda, grande El Risitas, grande Vicente el del canasto, grande Pepe el escocés paseando con su falda por la Feria, grande Curro el del quiosco de prensa de la Campana, grande esta Sevilla tan contradictoria a la que tanto quiero cuando la miro con los ojos del corazón ahora que se aproxima poco a poco y esta cerca el día del desfile hacia San Fernando.

En su leyenda La venta de los gatos, un Bécquer supuestamente sentado en ella, bebiendo tinto, afirma que dentro de poco iban a construir un cementerio por aquellos lugares, unos lugares por los que, si no recuerdo mal, se descubrió el cuerpo suicidado de un hombre que nadie sabía quién era al principio hasta que se supo que se trataba de Antonio Susillo, nada menos, hoy enterrado a los pies de su Cristo de la Miel. Qué mal suele tratar Sevilla a sus hijos. Hace bastantes años pensaron en agrandar el cementerio porque el personal ya he dicho que se negaba a quemarse; como después cambiamos de opinión no hubo necesidad. Allí iremos, yo a charlar con mi padre y a escuchar a Antonio Machín que está cerca. Y si La Esmeralda quiere cantar algo y lanzar un chiste, que lo haga que para cuatro días que vamos a morir... No, no hace falta que toquen ustedes madera, se van a morir de todas formas cuando les llegue el momento. Eso por ahora, la ciencia nos llevará a la a-mortalidad.


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