Menú
Los medios y los días

Discurso del amor con mucho amor (y VI)

Image
05 sep 2022 / 04:59 h - Actualizado: 05 sep 2022 / 05:00 h.
"Los medios y los días"
  • Discurso del amor con mucho amor (y VI)

El supremo acto de amor lo llevan a cabo los que ahora, cuando escribo, en 2022 y años anteriores, llaman los vulnerables. Y apunten: ahí seguirán los decenios y centenios que vienen, cuando yo ya me haya muerto de amor. Ellos, los vulnerables, son fuentes inagotables de amor, se necesita su vulnerabilidad para que todos los que no somos vulnerables seamos sólo vulnerables a una cosa: la vulnerabilidad al amor por los vulnerables. ¿Qué sería de nosotros y del amor sin los vulnerables?

Como nos expresaban nuestras madres y padres cuando a generaciones ya mayores, viejas, muertas y olvidadas o casi, nos daba por tirarnos a la calle porque nos creímos lo que nos decía Gabriel Celaya, eso de que ya era hora de tirarnos a la calle y pasearnos a cuerpo y decirle a todo el personal que anunciábamos algo nuevo... ¿Qué estaba diciendo? Ah, sí. Como nos decían nuestros padres y madres: “niño (o niña), siempre habrá ricos y pobres”. Mi corazoncito de niño educado por el mundo católico y su continuidad imaginaria, el mundo marxista, se resiste a creer eso a pesar de que también mis padres habían crecido en entorno parecido al mío. No sé si ellos habrían leído Historia y se habían tropezado con episodios como el que narra a su hija, de manera muy divulgativa, el historiador conservador Ernst H. Gombrich en su libro Breve Historia del Mundo.

Le recita la letra de un canto egipcio, supongo que Gombrich no tendría la partitura también. Constata la letra una alabanza al río Nilo cuando se desbordaba y llenaba de vida todo el imperio. La “copla” en cuestión atesora 4.000 años de antigüedad: “Te alabo, oh Nilo, porque sales de la Tierra y vienes aquí para dar alimento a Egipto. Tú eres quien riega los campos y puede alimentar toda clase de ganado. Quien empapa el desierto alejado del agua. Quien hace la cebada y crea el trigo. Quien llena los graneros y engrandece los pajares, quien da algo a los pobres. Para ti tocamos el arpa y cantamos”.

Ojo al dato: “quien da algo a los pobres”, idea que se coloca en último lugar. Aquí eso de dale cuanto tengas a los pobres y sígueme, no procede. ¿Por qué? Uno, porque la caridad y el amor comienzan por uno mismo. Dos, porque si se lo damos todo a los vulnerables, ¿a quién vamos a amar entonces? ¿Por quiénes vamos a luchar? ¿Qué sentido tendrían las revoluciones y los progres en general, incluso los progresistas? Sin los vulnerables nos quedaríamos a solas con nuestro propio amor y, ¿qué sentido contiene un amor que no se puede dar para que con esa donación aumentemos nuestro amor propio?

Nos quedaríamos a solas con nosotros mismos, amándonos, desde luego y, ¿acaso amando a los ricos? Porque gracias a los ricos también ama mucha gente: aman a los objetos que compran gracias al amor que el mercado desprende, con ese ejercicio que lleva a cabo actuando como rey de la Creación, poseyendo todo lo poseíble del planeta para convertirlo en objetos que uno regala y se autorregala por amor. Y amamos a los ricos por compasión. Porque son también vulnerables, dan amor, pero, ¿quién los ama a ellos? Nadie. Y necesitan amor. Los extremos se tocan, tanto los ricos como los vulnerables precisan ser amados y si los vulnerables son imprescindibles para darle sentido al amor que brota de nuestras entrañas, los ricos no le van a la saga. Todo es amor.

¡Qué bonito es el amor en cualquiera de sus manifestaciones! En todas las que he dicho en este discurso, más todo lo imaginable: el amor de él por él, el de ella hacia ella, el de ella hacia él y viceversa, el de él o ella por sus mascotas, por sus gimnasios, por sus dietas saludables..., en fin, el amor no tiene fin, me resultaría imprescindible una densidad inimaginable de memoria digital para desarrollar un buen discurso sobre el amor. Y muchas vidas, muchas, un eterno retorno. Por eso quiero resumir mi discurso con esa frase que he creado con amor para inmortalizar el amor, incluyendo ahí el amor supremo de los vulnerables que consiste en que el sentido de sus existencias se concreta y está ahí con la finalidad excelsa e inmortal de que los amemos. Ellos son el amor y nosotros sus amantes que a la vez proyectamos amor por tal motivo y por otros ya mentados en este discurso: ¡Qué bonito es el amor en cualquiera de sus manifestaciones! He dicho.


Revista Escaparate Empleo en Sevilla Más seguros Edictos