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La vida del revés

Doble vara de medir con el dinero

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03 nov 2022 / 08:17 h - Actualizado: 03 nov 2022 / 08:33 h.
"Opinión","La vida del revés"
  • Doble vara de medir con el dinero

Cada día que pasa, comprobamos cómo algunas personas que trabajan en la televisión, acumulan unos ingresos más que importantes. Su labor consiste en gritar y escandalizar, criticar e insultar. Y no parece que nadie se lleve las manos a la cabeza o pida explicaciones por ello.

Cada día que pasa, comprobamos que el mundo del deporte se ha convertido en una máquina grotesca de generar dinero. Los futbolistas ganan dinero sin que parezca que existan límites. Y no son solo los mejores de cada continente, no, porque son muchos jugadores los que son ricos gracias a dar patadas a un balón. O a encestar, o a golpear con una raqueta una pelotita amarilla, o a meter una bolita blanca en un agujero practicado en el césped. Tampoco en estos casos se escandaliza nadie o, si lo hace claudica y termina entendiendo que este mundo es así y poco hay que hacer.

Cada día que pasa, encontramos que miles de empresarios ganan dinero al hacer negocios al poner en peligro su patrimonio, después de dormir regular durante años. Claro que ganan dinero y claro que, al mismo tiempo, generan puestos de trabajo y riqueza para el país (un detalle que olvidan los más críticos con ellos). Unos ganan muchos, otros poco, otros se arruinan. Y en este caso, en el caso de los empresarios, si se piden explicaciones y ellos se ven obligados a darlas y casi a pedir perdón. Es como si los que se juegan la vida por tener dinero y para que otros lo tengan, tuvieran la culpa de algo terrible e imperdonable. ¿No es algo extraño que esto ocurra?

Es absurdo que la misma persona que acude al estadio de fútbol, con la camiseta del club puesta y dispuesta a seguir a su equipo hasta las últimas consecuencias, sea el mismo que quisiera ver arruinado a su jefe, sufriendo además grandes padecimientos, el mismo que cree que tener dinero es cosa de bestias salvajes. Hemos llegado a un nivel de estupidez desbordante en la sociedad actual. Ahora que los derechos de los trabajadores parecen asentados, respetados y asumidos por los empresarios, y que la relación entre empresa y trabajador se puede calificar de amable, no tiene sentido una guerra eterna e injustificable.


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