Viéndolas venir

Don Luis cumple 75 años

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Álvaro Romero @aromerobernal1
20 abr 2022 / 10:06 h - Actualizado: 20 abr 2022 / 10:08 h.
"Viéndolas venir"
  • Don Luis cumple 75 años

Los curas, el clero, los clérigos suenan hoy, salvo raras excepciones, a cosa del pasado. En Los Palacios y Villafranca, desde que muchos de quienes nos hemos dejado caer por la parroquia del Sagrado Corazón tenemos memoria -años 80- ha ocupado la cátedra de la empatía clerical un sacerdote que no es como los demás. Se llama Luis Merello Govantes y nació en El Puerto de Santa María, pero todos lo conocemos como Don Luis. El don no es en su caso un signo de distinción o distancia, un rasgo de altivez o prepotencia, un aviso de importancia, no, porque a don Luis, con el don delante y sin complejos, incluso lo llamamos de tú, bromeamos con él, lo compadecemos a veces, lo comprendemos siempre, y ese don ha formado parte de su nombre de pila desde que los colonos de Maribáñez lo veían coger algodón como otro más, con su camisa de cuadros y su risa franca, abierta, saludando en bicicleta. Hoy cumple 75 años y más de medio pueblo siente que pronto se va a jubilar un miembro de su familia. Y eso no deja de ser un milagro tratándose de un cura en el año 2022. Porque don Luis no es un cura del pasado, sino de hoy, de esta misma tarde.

Es de dominio público que tardará tiempo en llegar, si es que llega, un cura tan claro, tan rico de aventura. Los vecinos de las Casas Baratas, que han tomado el fresco con él desde que la marea marismeña se levantaba hace tantos años a partir de estas tardes de abril en que él ha venido celebrando su cumpleaños, lo saben de sobra, pero no lo van predicando por ahí. Tienen la esperanza pequeñita, antes de que don Luis se vaya igual que vino, de que su cura vuelva por aquí alguna tarde... También los rocieros palaciegos, que este año celebran sus bodas de oro al mismo tiempo que su director espiritual como sacerdote, saben de la suerte que han tenido hasta ahora y juegan a esperanzarse, aunque sepan muy en el fondo que no volverá a caer esa breva... Los más viejos recuerdan aún con nitidez a su director espiritual dando ejemplo entre el polvo del camino: ejemplo de amistad, de entrega, de comprensión, de saber exactamente en qué consiste ser un Pater para una hermandad en la que no todos sus miembros sabían, hace tanto, rezar el Padre Nuestro...

Don Luis ha sido uno de esos curas tan entregados a su tarea que no parecía serlo. Siempre sin clériman, el cura de las Casas Baratas ha entrado donde se ha terciado con la sola autoridad de su demostrado compromiso social. A don Luis lo han respetado siempre en todas partes, de la carretera hacia allá y de la carretera hacia acá. Cuando en cualquier domicilio, o últimamente en el tanatorio, se ha anunciado que venía don Luis el cura, se ha impuesto un agradecido silencio entre los dolientes y se ha abierto un claro para darle paso. Don Luis ha saludado siempre con su mirada limpia, con su cándido apretón de manos, con su llana oración a pie de calle, e incluso la gente que no ha pisado la iglesia sino de sacramento en sacramento ha sentido el afectuoso consuelo de que alguien de la élite clerical descienda también a su terreno y hable su lenguaje sin dobleces, ese lenguaje inundado perpetuamente de agradecimiento que ha usado él en todos sus sermones. Cuando ha tenido que hilar fino, tirando de teología y dogmatismos, lo ha hecho, pero generalmente ha preferido hablarle al pueblo con esa naturalidad que prefiere la gente cuando viene de mil quehaceres que don Luis siempre ha comprendido íntimamente.

Fue él quien hizo del Sagrado Corazón de Jesús la parroquia más populosa, más abierta y más dinámica del pueblo. Y fue él también quien delegó una parte de su creación en el nacimiento de otra parroquia en los confines del pueblo nuevo, allá por el barrio de La Nana, esa tercera parroquia que se llama El Buen Pastor. El nombre de esta última parroquia guarda concomitancias con el cura que la imaginó. Hoy cumple la edad en que los curas ostentan el júbilo de seguir entre nosotros. Y sabe que ese júbilo es mutuo.


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