miércoles, 27 mayo 2020
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Economía y compromiso

22 feb 2020 / 15:06 h - Actualizado: 22 feb 2020 / 15:15 h.
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Estamos viviendo momentos apasionantes en los ámbitos económico y social, que pueden resultar muy positivos para los cambios que nuestra sociedad precisa.

Desde mi punto de vista, el tejido empresarial tiene una gran responsabilidad; por cuanto, de sus decisiones y de su manera de desarrollar los proyectos empresariales, podrán alcanzarse objetivos que, verdaderamente, ayuden al progreso económico y social de la población.

En la reciente cumbre de Davos se ha hablado, precisamente, del rol que deben de ejercer las empresas y la economía para ayudar a superar las desigualdades sociales que existen; así como del medio ambiente. Queda, por tanto, mucho camino que recorrer.

En nuestra sociedad, y según las responsabilidades de cada cual, existen personas que quieren cambiar los parámetros económicos para que exista la posibilidad real de potenciar el emprendimiento empresarial, atendiendo al desarrollo de lo que yo llamo riqueza social.

Desde la alta dirección es imprescindible tomar la decisión de dedicar recursos a apoyar y a impulsar proyectos socialmente responsables. Si no nos atrevemos a tomar esta senda, aún teniendo claro que supone un gran reto para las empresas y la economía, la brecha social irá creciendo, y el riesgo de tendencias populistas se irá afianzando.

La responsabilidad empresarial es de tal magnitud en estos momentos, que debe de esforzarse por encontrar un punto de encuentro con la sociedad en donde desarrolla su actividad.

Estoy concluyendo de leer el libro de Paul Collier, el Futuro del Capitalismo, y cuando empecé la lectura me encontré, en las primeras dos páginas, con los siguientes párrafos: "Hay grietas profundas que están desgarrando el tejido de nuestras sociedades. Están socavando nuevas ansiedades e iras de la gente, y nuevas pasiones en política. Las bases sociales de esas ansiedades son geográficas, educativas y morales. Son las regiones rebelándose contra la metrópolis". "El síndrome del declive empieza con la pérdida de los trabajos satisfactorios. La globalización ha desplazado muchos de tipo semicualificado a Asia, y el cambio tecnológico está eliminando muchos otros. La desaparición de estos empleos ha repercutido con especial virulencia en dos grupos de edad: trabajadores mayores y aquellos que intentan encontrar su primera colocación".

Emprendedores, empresarios, economistas y tercer sector, estamos convocados a ser innovadores, deberemos de hacer el esfuerzo de proyectar proyectos empresariales en donde juntemos nuestras fuerzas, impulsando sinergias económicas que fomenten empleo para aquellos colectivos más vulnerables socialmente. Este objetivo sería suficiente para comenzar un cambio social, que pudiera desterrar el pesimismo que se está imponiendo en diversos grupos sociales. Desarrollar un proyecto de estas características, sin renunciar a que se obtenga una rentabilidad económica adecuada, significa que se está poniendo en marcha la generación de la riqueza social.

Existen personas, entre las que me encuentro, lo digo con humildad, que estamos empeñados en ofrecer parámetros de referencia, que partiendo del Bien Común, se puedan impulsar proyectos socioeconónicos que nos acerquen a un verdadero cambio social.

Queremos impulsar un proyecto empresarial que aúne cultura, arte, frenar la despoblación - y por tanto el sentido de la España vacía-, antropología religiosa, conservación del patrimonio artístico y cultural, y vitalidad social. Para que esto sea posible es necesario sumar esfuerzos entre tres grandes sectores: el económico -bancos y fondos de inversión-, los dueños del patrimonio, y el emprendedor empresarial. Estos tres, además, tendrán que unirse con el Tercer Sector para fomentar el empleo entre colectivos vulnerables. Un proyecto de estas características implica un compromiso social de larga duración; respetando, al mismo tiempo, los principios de rentabilidad económica. Todas las partes implicadas deberán de renunciar a hacer valer sus intereses particulares, habrá que apostar por intereses consensuados que beneficien a todos los protagonistas del proyecto. Desarrollar un proyecto de estas características es, no lo dudemos, una nueva mentalidad del capitalismo. Un proyecto de estas dimensiones podría devolver la dignidad a muchas personas de más de 50 años y a jóvenes que se ven sumidos en la desesperación.

Traigo, aquí, otro párrafo del libro citado "En gran parte de Europa la gente joven se enfrenta a un desempleo masivo. Una magnitud de escasez de trabajo vista por última vez en la depresión de la década de 1930. Las encuestas muestran un nivel sin precedentes de pesimismo juvenil, la mayoría espera tener un nivel de vida peor que el de sus padres. Tampoco se trata de una falsa impresión: durante las últimas cuatro décadas, el funcionamiento económico del capitalismo se ha deteriorado. La principal credencial del capitalismo es mejorar el nivel de vida para todos de forma ininterrumpida, ha quedado en entredicho, pues mientras sí ha cumplido con algunos, ha ignorado a otros. La ansiedad, la ira y la desesperación han hecho trizas las lealtades políticas de la gente, su confianza en el Gobierno e incluso la que habría entre iguales"

El panorama es confuso y, diría que, difícil de asimilar. Por esta razón, es urgente el establecer proyectos empresariales basados en la generación de la riqueza social. Quien opte por esta línea será capaz de inaugurar una nueva dimensión del capitalismo, y esto supondrá un plus en sus proyectos empresariales. Serán los que perdurarán en el tiempo. Los que no comiencen este camino fracasarán y se agotarán en el corto plazo; algunos podrán alargar su existencia un poco más; pero están condenados a desaparecer.

En las Escuelas de Negocio, todavía, no se ha emprendido una reflexión concienzuda y sistemática sobre el nuevo capitalismo. Es cierto que existen experiencias formativas en la actualidad que, sin dudarlo, podrán ser el embrión de nuevos directivos y emprendedores empresariales comprometidos con la generación de la riqueza social. Es una responsabilidad, no en exclusiva, del mundo universitario, es también del espacio educativo en general; de ahí que hace unos días escribía un artículo titulado "el compromiso es innovar".

Nos jugamos mucho, los emprendedores, sean económicos -bancos y fondos de inversión- y/o empresariales, tienen que tomar conciencia de que es preciso establecer un cambio de parámetros en los proyectos que decidan poner en marcha; así como el tercer sector precisa reconocer que es conveniente sumarse a proyectos conjuntos con el tejido empresarial. De no tomar estas decisiones, la sociedad irá mermando las posibilidades de generar la riqueza social, tan necesaria para seguir disfrutando de la democracia que hoy gozamos. Paul Collier nos dice "que si el capitalismo tiene que funcionar para todo el mundo, debe de gestionarse de manera que, además de productividad, proporcione un objetivo. Este es el plan: el capitalismo necesita ser gestionado, no derrotado. El futuro del capitalismo es un intento de proporcionar un paquete de soluciones coherente que aborde nuestras nuevas ansiedades. Las sociedades capitalistas deben de ser éticas, además de prósperas".

En este artículo he reflexionado sobre la responsabilidad del tejido empresarial y del tercer sector para fomentar una economía con compromiso; en mi próximo artículo escribiré sobre economía y responsabilidad política.


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