sábado, 21 septiembre 2019
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Educando depredadores sexuales

Pepa Violeta Pepavioleta /
07 abr 2019 / 07:26 h - Actualizado: 06 abr 2019 / 11:36 h.
  • Educando depredadores sexuales

Esta semana la actualidad informativa ha sacudido los cimientos de mis propias creencias y ha hecho tambalear la esperanza, que sigo depositando en un acto de ingenuidad, en el ser humano. Como feminista, creo en el poder de las personas (hombres y mujeres) para cambiar contextos que los beneficie y transformar aquellos que mermen su propia libertad individual. Si algo nos diferencia de los animales, es nuestro raciocinio, la autocrítica y la capacidad de generar conocimiento. Por eso, no quiero rendirme ante una cultura patriarcal que cada vez se hace más pegajosa. Nos aniquila el espíritu y mutila esa libertad que deberíamos de colocar siempre en la primera posición dentro de nuestra lista de innegociables.

Ser feminista implica entre otras muchas cosas, llenarse los pies de barro, entrar donde nadie quiere y al menos sembrar semillas, que nos haga replantearnos si la educación sexual, o mejor dicho, la falta de ella, está motivando la proliferación de chicos jóvenes que sin ningún tipo de vacilación, son capaces de violar a una menor por negarse a hacer un trío con ellos. Sí en Alicante, más cerca de lo que nos gustaría, porque otra cosa no, pero meter la mierda debajo de la alfombra se está convirtiendo últimamente en deporte nacional en este país. Tema incómodo éste, que no piensan tratar con la profundidad que merece, ni la clase política, ni los medios de comunicación, ni la escuela... en definitiva ninguno de los agentes de socialización responsables de la educación de estos presuntos violadores y la de una víctima, que tiene la pinta de correr la misma suerte que la de La Manada.

Los responsables directos de la educación de nuestra juventud, escurren el bulto y el discurso mediático se impregna de teorías vacías, relatos inconexos, testimonios descontextualizados... todo menos entonar el mea culpa. Todo, menos rebrincarnos ante lo establecido y plantearnos que la falta de educación sexual en la juventud, sumado a un repunte del machismo y un sistema patriarcal que vela porque todo esto se legitime, nos conducirá inevitablemente a más casos como el de Alicante. Y tras semanas hablando de más y más casos, acabaremos tan narcotizados/as que empezamos a naturalizar, como llevamos haciendo siglos, la violencia hacia las mujeres.

La revolución sexual, esa que permitió a las mujeres controlar la natalidad y disfrutar de sus propios cuerpos, nos estalla en la cara en una magistral maniobra patriarcal para que volvamos a nuestra posición “natural” de objeto sexual. ¿Pero qué nos habíamos pensado mujeres, que aquí ya estaba todo resuelto? Nos han hecho creer libres, cuando sólo abrieron la puerta para que entrara algo de luz. Ahora nos toca visibilizar esta violencia y alertar de que el problema lo tenemos la sociedad entera. Estamos olvidando la importancia de educar a nuestros niños y niñas en emociones y valores igualitarios y algo tan crucial para nuestras vidas como es la educación sexual, la estamos delegando en la pornografía.

El porno es un negocio increíblemente lucrativo y del que se enriquece toda una industria usando el cuerpo de la mujeres como mercancía. Además de ser los educadores sexuales oficiales de nuestros retoños. Se generan más de 2.6 millones de euros al año y el 90% de los vídeos en Internet contienen violencia verbal y física hacia las mujeres. La palabra “violación” es la más buscada por los usuarios a la hora de descargar material. Un contenido, en el que mayoritariamente se ofrecen escenas en las que la mujer se muestra sin deseo, pero sometida a un grupo de hombres que la disfrutan como si de un ser inerte se tratara. Muertas nos quieren, sumisas nos quieren, con un sí siempre en la boca, humilladas, vejadas, maltratadas...esa es la educación sexual que están recibiendo nuestros jóvenes.

El porno, nos recuerda qué papel debemos adoptar en las relaciones íntimas y cómo debemos situarnos ante el placer propio y el ajeno. ¿Todavía sorprendidos del caso de los presuntos violadores de Valencia a esta menor por no querer participar en un trío?

No hacernos responsables de la educación sexual de nuestras criaturas y seguir alimentando la pornografía, supone criar a niños enfermos que entenderán que no existe placer sin violencia, que no existe masculinidad sin sometimiento, que no existe relación sin humillación. Somos responsable de la crianza de estos futuros depredadores sexuales. ¿Por qué no dejarnos de especulaciones y entrar a trabajar en educación sexual y emocional para que nuestros niños no tengan que recuperarse de su infancia?

Como os decía al principio, sigo creyendo en el ser humano y en el feminismo como conjunto, capaces ambos, de cambiar creencias basadas en las relaciones de poder.

Una noticia llena esta semana de esperanza esta lucha, tantas veces cuestionada. Canarias ha sido la primera comunidad en atreverse a plantar cara a un sistema educativo deficitario. Desde 2014, el alumnado de seis a nueve años, tienen 90 minutos semanales de educación emocional en la escuela. Una apuesta de carácter obligatorio, que rascando horas a otras disciplinas y pasando por encima de una comunidad educativa purista y rancia, ha conseguido mejorar con creces las relaciones personales entre el alumnado. Un claro ejemplo, de que luchar contra lo establecido y reconstruirse desde lo emocional, ayuda a levantar sociedades libres de violencia y prejuicios.

Soy consciente que parlamentar sobre reeducación sexual y pornografía, es tema incómodo. Pero más incomodo para nuestra conciencia debe ser cargar con la responsabilidad de saber, que está en nuestras manos educar a niños y niñas para que disfruten de su sexualidad en total libertad y respeto; y no hacerlo por desidia. Seguir leyendo, semana tras semana, noticias sobre violaciones a mujeres y niñas y dar la espalda a una sociedad cada vez más enferma. Dejémonos de hipocresía y tratemos esto con la rigurosidad que merece. Dejemos de teorizar y pongámonos manos a la obra, con proyectos coeducativos/feministas transversales, que nos ayude a reformular el ideario sexual que nos vende el patriarcado.

Estoy convencida que es cuestión de minutos que los auto-proclamados “progresistas”, saquen su particular enseña libertaria, para convencernos al resto de los mortales que ante todo debemos defender nuestro propio derecho a consumir y hacer porno si queremos y hacer uso de nuestros cuerpos a placer. Pero aquí está la trampa. No volvamos a caer en la creencia de creernos libres, mujeres. Ya no más cantos de sirena. Ya hemos aprendido la lección y nuestra libertad sólo puede venir de mano del feminismo. Del patriarcado no queremos ni agua, porque esa falsa libertad en la que nos enredan, no deja de ser pura estrategia en beneficio propio. Una excusa del sistema prostituyente para seguir educando a “potenciales violadores” y haciendo caja de paso. Si con el mismo tesón que ponéis para aconsejarnos a las mujeres como evitar una violación, lo hacéis para educar a hombres a no violar, entonces podremos hablar de frente. Mientras eso no ocurra, por favor ahórrense la demagogia.

@Pepavioleta


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