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Los medios y los días

El amor creo que es esto

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08 oct 2021 / 04:22 h - Actualizado: 07 oct 2021 / 14:27 h.
"Los medios y los días"
  • El último viaje de Robert Rylands
    El último viaje de Robert Rylands

Iba a escribir sobre las cosas de la ministra Irene Montero pero hoy me siento decaído, lo dejaré para otro día. Voy a pensar sobre algo que no existe tal y como nos lo pintan habitualmente: el enfoque tópico y típico del amor en películas del montón -la inmensa mayoría-, series y letras de canciones ñoñas (casi todas). Si el amor verdadero es desprendimiento de uno mismo en favor de los demás hay que asumir que es también dolor. Les voy a citar cuatro de mis películas preferidas que nos enseñan lo que es el amor, lo que yo creo que es el amor auténtico. El buen cine sirve para mucho, yo empleo con frecuencia en mis clases secuencias de películas clásicas -de ayer y de hoy- para explicar mi asignatura.

Las películas que les voy a mencionar son tristes, por tanto, no están de moda, esta sociedad es una sociedad del show constante y de la huida permanente de uno mismo y de la vida misma. Hasta en la universidad se nos llega a decir que huyamos de las clases magistrales, es decir, huyamos de que hable el que más sabe y el que más ha vivido, el mundo al revés del método que ha convertido al mundo en mundo. Qué peligroso es un ignorante demagogo sentado en una silla arreglando las cosas.

El amor es cuando, en Cinema Paradiso, Alfredo le dice a Totó que se vaya del pueblo y no vuelva nunca más, que no le escriba, ni a él ni a nadie, que mire para delante. La muleta y el lazarillo de Alfredo era Totó y Alfredo se sacrifica para sembrar futuro. “No quiero hablar contigo, Totó, quiero oír hablar de ti”. Totó se va y triunfa en Roma como productor de cine. El amor es cuando hasta la misma madre de Totó le dice a su hijo cuando éste acude al pueblo al entierro de Alfredo -que no quería ni que fuera a su entierro- y le brota la nostalgia: “Hijo, vete, aquí ya sólo quedan fantasmas”.

El amor se mezcla con la amistad entre dos mujeres cuando en la película Julia una de ellas -Henry Fonda- se juega la vida ante los nazis para llevar escondido en su sombrero dinero con el que liberar a presos de la resistencia. Todo porque se lo ha dicho que lo haga su amiga del alma -Vanessa Redgrave- que se ha concienciado políticamente mientras que la portadora del dinero ni tiene esa fuerte conciencia y compromiso político ni en el fondo le afecta esa guerra, sólo busca triunfar como autora de obras de teatro. Fonda se traga su enorme miedo y lleva a cabo la misión.

El amor aparece cuando en Tierras de sombras o de penumbras -de las dos formas la han traducido- Anthony Hopkins y Debra Winger llegan a necesitarse mutuamente y ella, enferma de cáncer, le dice a él que se va a morir y que la felicidad que a ambos les posee en ese momento forma parte del dolor que producirá la muerte. Debra saca a Hopkins de su aislamiento mental como profesor de la Universidad de Oxford y le enseña la realidad total de la vida, respetándolo siempre. Un creyente y una comunista atea respetándose y entendiéndose. “Dos veces he elegido en la vida: de niño y de hombre. De niño elegí la comodidad, de hombre, el dolor”, dice la voz en off de Hopkins para cerrar la película.

Esta noche, en La 2 de TVE, tienen ustedes otra muestra de amor en la película El último viaje de Robert Rylands. Su argumento es más delicado y polémico: la homosexualidad y la eutanasia, matar a alguien por amor, preferir el dolor propio de no tener al amado antes que verlo sufrir cuando todo es inevitable. Yo creo que eso es amor y que el amor y el dolor van de la mano, en efecto.

A nivel cotidiano, señora, señor, el amor es que, si su hijo o su hija, les dicen que quieren marcharse con una beca a proseguir sus estudios fuera de Sevilla o de España, no salgan con ese miedo tan andaluz que tanto atraso de todo tipo nos ha traído, dejen volar a sus retoños que su patria no se llama Sevilla ni España, se llama planeta Tierra. El dolor de unos, hoy, es la alegría de los hijos mañana. Eso es el amor, ojalá pudiéramos cultivarlo de verdad.


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