El autogol de Bellerin. Por un Betis libre

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14 nov 2021 / 04:00 h - Actualizado: 14 nov 2021 / 04:00 h.
"Tribuna"
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Aquellos sacerdotes del Colegio Claret en Heliópolis, (no podía tener mejor nombre) la Ciudad del Sol, que no sé quién ideó lo de Palmerín...

Aquellos curas soñaban con morir en Paraguay, sin termómetros, bolsas de agua caliente, ni paracaídas, y únicamente añoraban una mano a la que confortar ante el sufrimiento del ser humano...

Eran los tiempos de Núñez Naranjo y los que aun vestían sotana, nos regalaban un puñado de entradas que hacían magia, pues era solo entregarlas y se izaba un torno y pasabas hacia dentro, como un pasadizo, sin asfixiarte en las interminables escaleras que te asomaban al verde y blanco de un estadio encalado, en el que, de repente, te deslumbraba el Sol del mediodía.

Un día, juro que vi pasear una Copa del Rey, y desde entonces no hago más que preguntarme si Esnaola era mejor cancerbero que Iribar...

El autogol de Bellerin el pasado Domingo frente al Sevilla FC. me recordó que esto de ser bético es un oficio jodido, yo diría que muy jodido; y pude constatar lo que ya todos sabemos, que Haro y Catalán jamás jugaron a esto, ni se enfrentaron siquiera imaginariamente al Club de Nervión en aquellos sueños en que eras Diarte, marcando el gol de la victoria en el último minuto de tu memoria, instante tan imposible como las trece rayas al salir de un túnel frente a cincuenta mil almas.

El Betis, con el que ya te vas ahogando al subir sus peldaños, es el resultado de una conspiración en el que unas togas, -como mucho dos- imaginaron primero en Viapol y soñaron después como opulencia alrededor de unos colores, con autógrafo notarial que da fe de su autoría.

Ya no hay niños con camisetas verdiblancas en las Setas. En la clase infantil de mi hijo, -cierto que es Colegio de pijos- tan solo queda un bético, y la generación que viene ya llena Sevilla de rojo.

Ese gol en propia meta de Bellerin, es la metáfora perfecta; el merecido colofón, aunque apenas importe a quienes pusieron un num. 3 en la Presidencia del Betis y después más humillación.

Si cualquiera de los indios que siempre éramos minoría en el patio de la escuela, nos hubiéramos metido ese gol en nuestra portería, lloraríamos al abandonar el campo. Y eso sintieron los que se marcharon según dicen a destiempo y antes de terminar con el festival de Monchi en el Forever Green del Villamarín.

Fue Chaparro quien dijo que no existe la suerte en el futbol, sino que también se entrena; será por eso que siempre ganan los mismos Despachos aquí y allá y por supuesto siempre en la misma Sala de puñetas en las mangas... será que son muy buenos. Pero el Betis... siempre pierde...

Los días que pasamos dentro del único estadio con palomar en el Gol Sur y la tropa heterodoxa y generosa de niños y adultos que dejamos en aquella que fuera nuestra casa, siempre presentimos que alguien acabaría hurtándonosla al oscurecer el día.

Y ahora, acosados por moscas, abejas y marimbolas, amamos, salvamos lo que tenemos a mano; lo demás, desgraciadamente, son la historia de otros.


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