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Los medios y los días

El burrito de la Plaza de España

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07 sep 2021 / 04:00 h - Actualizado: 07 sep 2021 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • El burrito de la Plaza de España

El filósofo ilustrado Georg Wilhelm Friedrich Hegel (Stuttgart, 27 de agosto de 1770 - Berlín, 14 de noviembre de 1831) contemplaba la Historia como una Idea en evolución continua, incluso como una espiral o un círculo que comenzaba en un punto y luego regresaba a él a cerrar la circunferencia con la particularidad de que quien salía de ese punto y quien regresaba era y no era la misma persona, el mismo periodo histórico, de ahí que la Historia no se repita ni se haya terminado aún como ingenuamente afirmara Francis Fukuyama cuando cayó el comunismo de la URSS. Él mismo se ha dado cuenta de su error.

Aquel entrañable burrito que tiraba de una carriola y nos daba a los niños sevillanos una vuelta por la Plaza de España desde los años 50 y casi hasta la actualidad me recuerda al planteamiento hegeliano. Te subían tus padres o el cochero en el carrito y el burrito recorría de forma rutinaria y cansinamente la plaza en un camino circular que para muchos de nosotros representaba una especie de primer viaje por la Historia y el arte. Cuando el animal llegaba al punto de partida se detenía y los niños que habíamos emprendido el viaje desde aquel mismo punto éramos los mismos pero no éramos los mismos porque traíamos en nuestras retinas y en nuestras mentes más información, más experiencia.

Muchos sevillanos que ya somos más que talluditos nos dividimos en quienes nos llevaron a que el burrito nos paseara y los que no, en quienes tenemos una vieja foto en blanco y negro y amarillenta de aquel momento -o la hemos perdido- y en quienes no la tienen. Algunos incluso se subieron primero ellos en la carriola y luego llevaron a sus hijos o a sus nietos.

Seguramente en este tiempo algunos colectivos afirmarían que al burrito de la Plaza de España se le estaba maltratando. Como es lógico, en eso no se piensa cuando se es niño y se habita en una ciudad entonces con pocos atractivos infantiles, no sé si el jumento de la Plaza de España estaba molesto y sufría con su trabajo pero sí sé que no me inspiran tranquilidad esas personas que van de amantes de los animales porque hay amores que ciegan y otros que matan. Desde luego la ternura infinita que sentíamos grandes y pequeños por aquel cuadrúpedo era unánime, es imposible olvidar aquella ronda de unos minutos por la plaza y ahora que han pasado tantos años aplicarla a estos instantes en los que aún palpita en nuestros corazones aquella Sevilla en blanco y negro mezclada con esta otra en color que no acaba de nacer.

Es ahora cuando hemos seguido aquella primera lección que nos ofreció el burrito de la Plaza de España y hemos ampliado mucho el viaje, algo que nos ha llenado de humildad y ha terminado con ansias nacionalistas y chovinistas estúpidas y vacías. Ha llegado el momento de sentarnos en uno de los bancos de ese majestuoso lugar levantado por el talento de Aníbal González, entre otros arquitectos, y ordenar los conocimientos que “esta excursión a la muerte que es la vida” (Mario Benedetti) nos ha legado y nos continúa legando.


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