El comienzo del Museo Arqueológico de Chipiona

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01 sep 2021 / 07:38 h - Actualizado: 01 sep 2021 / 07:44 h.
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  • El Castillo de Chipiona. Foto T.L.
    El Castillo de Chipiona. Foto T.L.

El título que lleva este artículo remite a la colección arqueológica que se custodia en el Castillo de Chipiona, una construcción medieval de la que me encargaré de comentar otro día. He querido llamar así a este artículo, porque pequeño o no, el caso es que afortunadamente han llegado a nosotros toda la serie de vestigios antiguos que la componen.

No todas las ciudades y villas pueden presumir de tan extraordinario patrimonio, producto de las tantísimas civilizaciones que han pasado por ella. Por eso, la Historia, la Arqueología, el Arte y la Cultura en general, que es patrimonio de todos, conviene ponerla en valor como uno de los alicientes que además de sol y playa, promoviese el interés turístico de la localidad.

No es un Museo en el estricto sentido de la palabra, ¿o sí?, porque sólo está a falta del rótulo, pero desde luego sí es el germen de un gran Museo para comenzar, formado por la colección permanente que está expuesta y por todos los elementos dispersos y por clasificar.

El comienzo del Museo Arqueológico de Chipiona
Manuel Ávila, Mª Molina, Mª Rosa Cadierno, Juan Luis Naval, Agustín Sánchez y Lucas del Moral, miembros de la Asociación Caepionis.

Para ello, el Excmo. Ayuntamiento de Chipiona, promueve desde hace años todo tipo de excavaciones que están sacando a la luz cosas que se intuían o de hecho sabían, pero de las que había pocos restos materiales. Es de esperar que estas campañas sigan y que se incremente tanto esta como otras salas y espacios donde exhibir obras de autores contemporáneos de los que tantos y buenos hay en ella y de los que tantos y buenos también, han pasado por aquí.

Es lógico que una población –o mejor poblamiento, para hablar en términos arqueológicos- que es tan antigua como es Chipiona, no contara aunque fuera con un pequeño espacio que mostrara al público nativo y foráneo, todas las muestras que a lo largo del tiempo han podido reunirse y conservarse de todas las culturas que han pasado por esta apacible y benigna villa, tantas veces milenaria contando antes y después de Cristo.

Por eso mismo, desde el año 2015 se instaló en El Castillo, una serie de vitrinas y paneles explicativos que dan cuenta del paso, de las relaciones culturales y comerciales, que se establecieron desde el Neolítico, el Calcolítico, la Edad del Bronce Medio y Final, épocas Prehistóricas, Mesohistórica y ya Históricas, comenzando por las que se remontan las piezas más antiguas.

Como en Roma y como en muchas ciudades de los actuales países que bordean el Mediterráneo, puede decirse que cada vez que se excava, se construye un nuevo edificio o se derriba otro sin interés artístico alguno, emergen nuevas piezas que proceden de los sitios más dispares y de Pueblos y culturas que no están extinguidas como creemos, sino que permanecen en lo que somos nosotros al día de hoy.

El comienzo del Museo Arqueológico de Chipiona
Ánforas y brazos de un ancla

Desde aquellos pobladores de la Edad Antigua, los fenicios, púnicos, cartagineses, tartéssicos, turdetanos e incluso vikingos, hasta alcanzar a los romanos, los primitivos cristianos, los visigodos, los árabes, los medievales, renacentistas, barrocos y decimonónicos –y aunque escasos- nos han dejado muestras de su quehacer en enseres de ajuar, hachas y percutores, molinos de mano, lingotes de cobre o plomo, piezas de orfebrería, cacharrería doméstica, bruñida y terra sigilatta, útiles marítimos, ánforas para el transporte de líquidos y sólidos, para trabajar los metales y los metales mismos, puntas de flecha para la caza y arpones de pesca, restos de construcciones, restos óseos, monedas, tejas de edificios y restos de columnas, presas de redes, hachas y percutores, lucernas, lápidas funerarias, incluso una cabeza pequeña del S. II d. de Cristo y una serie de fragmentos de recipientes árabes, cerámica del XVII y XVIII, etc., hallados en las cercanías del santuario de Ntra. Sra. De Regla, en las proximidades del Faro, en las huertas o pagos próximos al muelle, en el interior de algunas casas,...

En definitiva enseres procedentes de tierra firme o del mar por donde tantas embarcaciones pasaron, algunos de sus viajeros se quedaron y en cualquier caso, multitud de interinfluencias se produjeron en esos fructíferos encuentros.

A pesar de todo y del rico subsuelo que tiene Chipiona en cuanto a las piezas que nos aguardan, por todos los visitantes que llegaron desde la prehistoria, hace falta todavía muchísimos estudios que vayan sacando, catalogando, estudiando y exponiendo todo este riquísimo patrimonio arqueológico e histórico que nos aguarda.

El Museo, que aunque no lleve ese nombre como tal, comparte sede con exposiciones temporales como la que ya se comentó en EL CORREO DE ANDALUCÍA WEB días pasados, también lo hace con las Delegaciones de Cultura, Turismo y Fiestas Mayores, estando a cargo de la recepción de visitantes, las visitas guiadas y las explicaciones fuera aparte de la información en vitrinas y paneles, por la Asociación Caepionis, cuyos miembros siempre están encantados de enseñar cualquier vestigio del pueblo.

El comienzo del Museo Arqueológico de Chipiona
Vasijas, marmita para fundir metales y barra de plomo

En un espacio de este pequeño más no menos interesante, está dedicado a la exposición temporal que al estilo chipionero tiene fecha de inicio, pero no la clausura que estará abierta todo el verano o incluso hasta el que viene o hasta la que la sustituya para seguir mostrando estos tesoros ocultos.

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La fotógrafa Inés Viera Toro en la exposición “Y Líbranos del mal. Amén”.

La exposición “Y líbranos del mal, Amén” está comisariada por el equipo integrado por JESÚS RODRÍGUEZ, ÁLVARO GÓMEZ y Luis GETHSEMANÍ PÉREZ y los miembros de Caepionis, ha contado con el patrocinio de las Delegaciones de Turismo y Cultura del Ayuntamiento de Chipiona y la Universidad de Sevilla.

En ella se hace un recorrido por usos e instrumentos que a partir de esta última frase del Padrenuestro cristiano, remite a los recursos que ha empleado gran parte de la humanidad –o al menos la más cercana a nosotros- para protegerse de las fuerzas de la naturaleza, propiciar la salud y la prosperidad, favorecer el tránsito al Más Allá de la Vida. Todo eso que nos conecta con la fe, con los augurios, amuletos y fetiches, que como vamos a mencionar ahora, están una vez más en los sustratos de lo que somos.

Desde un planteamiento cronológico, la muestra hace un recorrido por elementos de civilizaciones orientales y occidentales partiendo de los egipcios, romanos, árabes, judíos y cristianos, las tres religiones y las tradiciones antiguas que más nos han influido –no sólo a los chipioneros- de manera que pueden establecerse paralelismos y apreciar resabios que nos quedan de todos ellos.

Dedicada pues a la protección contra los malos espíritus, el mal de ojo, los peligros y enfermedades que nos acechan, establece también una serie de paralelismos entre esas culturas mostrando dos amuletos del dios egipcio Bes -uno encontrados en la playa de Regla, en Chipiona procedente de un ajuar funerario- colgantes en forma de falo como propiciatorios de buen augurio, remedios contra el mal en Al-Andalus,

Creencias ancestrales y prácticas mágicas para proteger a las familias, las casas, de las enfermedades, las cosechas, contra el “mal de ojo”, una reproducción de una cabaña y de una casa romana, la reproducción del mosaico de la Gorgona, paneles y cartelas, indican que nos encontramos en el umbral entre lo sagrado y lo profano, lo científico y las creencias populares.

Para esto se recurría también a remedios espirituales como las abluciones rituales o la oración, los conjuros, el uso de talismanes y símbolos como la media luna, la estrella de seis u ocho puntas, la cabeza o cornamenta de un bóvido, números insertos en figuras geométricas o la mano de Fátima.

De época cristiana y sobre todo de las últimas épocas que llegan a nuestros días, se destaca la labor de intersección y protección que hacen los santos, entre ellos la Santa Lucía que se muestra, en la sanación de cuestiones oculares, como podían ser tantos otros a los que recurrimos para las situaciones que nos acucian.

Por todo esto, esperamos que todos estos proyectos se vayan realizando, agradeciendo siempre los esfuerzos que hacen por divulgar sus monumentos, fiestas, costumbres...y ...¡el moscatel! Pues a bridar para que todos estos proyectos se hagan realidad.


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