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El elixir de marzo

Este pueblo tiene la costumbre de sacar la papeleta, de rezar con alma de poeta a las imágenes, de emocionarse de devoción

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01 mar 2018 / 10:34 h - Actualizado: 01 mar 2018 / 10:33 h.
"El tiempo","Cuaresma","Momentos de Semana Santa","Sevilla Al Minuto"
  • El elixir de marzo

Llueve. Tras la ventana cerrada está lloviendo. El ruido que se oye de fondo no es más que el viento, que ruge con fuerza pero no consigue desahogarse. No puede hacerlo. Porque ha llegado el mes tercero y con él todo es susceptible de convertirse en primavera. De oler a azahar, y a incienso. Ahí fuera está ocurriendo la espera.

Se acumulan las señales mientras avanza la Cuaresma. En los templos, las puertas se abren, cada vez más, para que el tiempo avance entre sus muros, y así los días. Son momentos intensos los que vive Sevilla. También de prueba. La Semana Santa experimenta cambios y regresa el miedo. Pero hay algo que no genera dudas. Una unión inquebrantable es la ilusión por lo que se acerca. Eso todos sabemos hacerlo. Soñar.

Evocar el preciso momento en el que el latido pega un vuelco porque el sentimiento es tan grande que se quiere salir del pecho. Y de tanto esperarlo se cumple. Llega el día y los rincones de la ciudad más bonita son el lugar adecuado para cumplir deseos. Entonces suenan. Se oyen los compases de Sevilla racheando en las callejuelas. Y cuando el tambor se calla, los cuerpos se van a tierra. Cuando manda el capataz a viva voz que al cielo con ella, se humedecen las pupilas de los muchos presentes, hermanos en la fe.

En tiempos difíciles, se trata de eso. Ilusión. Confianza en que nada podrá romperla, porque este pueblo valiente no se amedrenta. Tiene la hermosa costumbre de sacar la papeleta, de rezar con alma de poeta a las imágenes, de salir a la calle a emocionarse dando testimonio de devoción ciega.

Aquí se respira profundo para saborear el aroma de marzo como elixir de pureza. Se busca la luz en la belleza de las velas, en la manera de caminar de un palio, en el temple de una saeta. Y en el encuentro con el manto sanador de la Madre de Dios, este pueblo valiente abre su alma para llorar con Ella y decirle te quiero.

Aquí, si se tiembla, es de emoción. Aquí se lleva por bandera el coraje, y por derecho el corazón. Aquí se cobija la vida entera entre los brazos del Señor. Si las manos se aprietan es para agarrar fuerte la medalla, esa herencia de padre y madre, que significa tanto como significó.

No importa el color. El negro ruan, el terciopelo verde, morado, rojo pasión, dibujan los contornos de una estampa, que siempre será añeja. Y bella, qué bella es la fe. Porque con ella no podrá el miedo. Ese intruso enemigo que se cuela entre los deseos de que todo vaya bien para quebrar la confianza en que no se repetirá el mal sueño.

El camino correcto siempre será el valor. El abrazo conjunto de una multitud sintiendo lo mismo. Nada puede estropear un océano de miradas que buscan la misma imagen, la de Dios en su eterno caminar. Una calma que siempre merece la pena. Cuando llegan los temores, este pueblo valiente se aferra a su pasión. Las hojas del calendario son más bonitas. Ha comenzado el mes de marzo, platónico elixir de Sevilla.


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