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La vida del revés

El ensayo definitivo

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22 jun 2022 / 09:20 h - Actualizado: 22 jun 2022 / 10:29 h.
"Deportes","Opinión","Rugby","La vida del revés"
  • El ensayo definitivo

El pasado fin de semana se disputó en Tavernes de la Valldigna el Campeonato de España de Selecciones Autonómicas de Rugby 7s de la categoría sub 16. La selección andaluza jugó muy bien y ganó. Las jugadoras andaluzas pueden estar más que orgullosas porque movieron el balón con rapidez, demostraron una fortaleza física envidiable, un orden sobre el terreno de juego propio de jugadoras de más edad, y una actitud que invita a pensar que el rugby sigue siendo el deporte más bonito que existe, el que más valores puede llegar a transmitir y con el que mejor se lo pasan los que lo practican.

Sin embargo, de todo lo que sucedió durante los dos días de competición, me quedo con un momento mágico e inolvidable para los que estábamos en las gradas.

La selección madrileña, siempre poderosa aunque en este campeonato no le ha ido tan bien como estaba previsto a priori, jugaba contra la de Murcia. El marcador reflejaba una superioridad abrumadora de las madrileñas. Si no me equivoco 45-0. Estaba acabando la segunda parte y una de las chicas de la selección murciana interceptó un balón en campo contrario. Le quedaban treinta y cinco metros de carrera...

He de decir que la selección de Murcia suele participar en estos campeonatos desde una clara inferioridad que se entiende por el escaso número de licencias femeninas y por los escasos recursos con los que cuentan. Van a los campeonatos con lo que tienen y apenas se puede descartar a nadie puesto que no hay mucho más. El rival, Madrid, por el contrario, suma el mayor número de licencias de toda España y conseguir un puesto en la selección no es fácil.

Treinta y cinco metros de carrera. Y toda la grada, incluidos los padres de las jugadoras madrileñas, en pie, animando con fuerza, puesto que sería el primer ensayo de las chicas de Murcia en el campeonato. Las jugadoras de Murcia son de las que no agachan la cabeza, son las que disfrutan más del campeonato, las que no pierden la sonrisa si el marcador es desfavorable, son jugadoras que siempre tienen una palabra de aliento para sus compañeras en los peores momentos, son las jugadoras que mejor representan los valores del rugby: compañerismo, sacrificio, perseverancia, valentía, amistad inquebrantable...

La jugadora murciana consiguió ensayar y todo su equipo, todo, celebró con ella el ensayo como si hubieran conseguido ganar el mundial. Una auténtica piña de jugadoras sobre el césped que celebraban un marcador adverso que, sin embargo, era la muestra inequívoca de que ellas estaban allí dándolo todo con una generosidad sin límite.

Una de las jugadoras de Madrid me decía, después del partido, que le encantaría que ese equipo de chicas tan valioso ganase el campeonato porque la lección de pundonor que habían dado era colosal, que se sentía avergonzada por no saber hacerlo ella misma.

La selección andaluza ganó el campeonato porque sus jugadoras tienen un nivel importante. La selección de Murcia ganó el corazón de todos porque su entrega fue maravillosa. Por cierto, consiguieron algún ensayo más contra otros equipos y no acabaron las últimas. No se puede hacer mejor con tan poco. Y reconozco estar perdidamente enamorado de ese equipo.


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