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La vida del revés

El frutero de Vox

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25 sep 2020 / 09:10 h - Actualizado: 25 sep 2020 / 09:12 h.
"Opinión","La vida del revés"
  • El frutero de Vox

Ayer me acerqué hasta la frutería. Necesitaba comprar algunas cosas. Plátanos, unas mandarinas, lechuga, tomates... Cosas que se compran en las fruterías (ya casi nadie llama a esas tiendas verdulerías; creo que ese nombre había tomado un tono despectivo; ‘gritas como una verdulera’; nunca se escuchó ‘gritas como un frutero’). Me atendió un empleado del establecimiento que es natural de Perú. Bajo de estatura, moreno de piel, ojos grandes. Le conozco hace algunos años y siempre me ha parecido que sabe lo que hace y que me puedo fiar de él.

Mientras iba pesando lo que le pedía (estábamos solos en la tienda) comenzó a hablar, a contarme cómo ve el la situación en España. Pandemia, crisis económica, crisis social... Y terminó diciéndome que ‘lo que hace falta es que estos de Vox estén un par de años en La Moncloa, que pongan las cosas en su sitio, y que luego se vayan a su casa’. Por supuesto le pregunté por qué los de Vox y no los de Pacma. ‘Porque tienen muy mala leche y esos ponen a los moros en la frontera sin pensárselo’. Eso me dijo. ¿Por qué solo dos años? pregunté. ‘En dos años se puede acabar con las pateras, con los violadores, con las bodas de maricones y con toda esta banda de políticos que lo único que quieren es enriquecerse a base de nuestro trabajo’.

Como suelo hacer en estos casos, le recité el poema del pastor luterano Martin Niemöller (1892-1984) en su sermón de Semana Santa en la ciudad de Kaiserslautern (1946), que dice así: «Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas/guardé silencio/ porque yo no era comunista./ Cuando encarcelaron a los socialdemócratas/ guardé silencio/ porque yo no era socialdemócrata./ Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas/ no protesté/ porque yo no era sindicalista. /Cuando vinieron a llevarse a los judíos/ no protesté/ porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme/ no había nadie más que pudiera protestar».

Por supuesto, ni se me pasa por la cabeza comparar a los simpatizantes de Vox, a sus votantes o a los políticos de esa formación, con los nazis. Pero el poema sirve para entender algunas cosas esenciales. La violencia no lleva a ningún sitio. La política solo existe en democracia; el resto en una pantomima. No podemos ver en otros al enemigo porque todos somos parte del problema y debemos entender lo que sucede a nuestro alrededor. Y, ahora más que nunca, debemos ser solidarios. Y que si vendes mandarinas lo mejor es hablar del tiempo o de lo ricas que están las uvas sin pepitas que acaban de llegar a la tienda. Escandalizar a los clientes no está bien. Los puedes perder.

Volveré a comprar fruta a esa misma tienda. Llevo haciéndolo muchos años. Traicionaría mi compromiso con la libertad y el diálogo. Si dejas de ver a alguien a causa de lo que piensa, te conviertes en uno de esos fascistas que tanto odian algunos que no saben lo que es el fascismo. A los fascistas no hay que darles la espalda por lo que piensan porque ese no es el gran problema, el peligro radica en cómo lo piensan; pero es harina de otro costal. Lo que no sé es si me atenderán igual. Al frutero, no le gustó mucho el poema.


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