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Desvariando

El gran apagón

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
06 nov 2021 / 09:45 h - Actualizado: 06 nov 2021 / 08:23 h.
"Desvariando"
  • Torres de alta tensión en Rivas-Vaciamadrid, Madrid. Alberto Ortega - Europa Press
    Torres de alta tensión en Rivas-Vaciamadrid, Madrid. Alberto Ortega - Europa Press

Aunque no se lo crean, el gran apagón es posible. O sea, un día nos podemos quedar sin luz eléctrica durante semanas o meses y si nos coge preparados, mejor que mejor. Creo que quienes vivimos en el campo no tendríamos demasiados problemas para sobrevivir. Ya viví sin luz eléctrica desde los 2 a los 10 años, en Palomares del Río, y no pasó nada. Emigramos desde Arahal a este pueblo en 1961, en concreto a Cuatro Vientos, una especie de aldea, de unas quince casas, en la carretera de Almensilla. Mi abuelo materno hizo allí una casita con el techo de uralita y no había luz eléctrica, luego no teníamos nevera, ni calentador debajo de la mesa camilla. Una radio de pilas, eso sí, en la que escuchábamos el parte de Radio Nacional por las noches. Cuando mi madre la llevó a casa y la encendió, estaban sonando Los Romeros de la Puebla y me emocioné tanto que me caí de culo en una escupidera. Evidentemente no teníamos televisión y me iba a ver el fútbol al Bar Ricardo, donde pagaba una peseta por ver Bonanza. En verano mi abuelo traía a casa una sandía gorda y la metíamos en el pozo para que se mantuviera fresca. Como nos asustaban con un monstruo, Martinillo, para que no nos asomáramos al brocal, siempre tenía el temor de que se comiera la sandía, pero nunca ocurrió, luego Martinillo no sería tan malo como lo pintaban mi madre y mi abuelo Manuel.

Una mañana aparecieron los de Sevillana a poner los palos de la luz y los niños de Cuatro Vientos les ayudamos a hacer los agujeros y a tender el cable. Cuando el encargado entró en casa a probar la luz y se encendió la bombilla de la salita lloramos de alegría y dábamos saltos en el corral. Ya con luz eléctrica, Pepa, mi madre, compró una tele en Coria que le costó una fortuna, pero podía ver El túnel del tiempo y mi abuelo los toros, su gran pasión. A pesar de la luz, en Cuatro Vientos nunca tuvimos nevera en la cocina, ni calentador debajo la mesa camilla. O sea, que si mañana llegara el gran apagón estaría preparado para no morirme de frío ni de hambre. Vivo en un bosque, luego sobra la leña. Con paciencia y talento, también la comida. El Guadalquivir está a media hora andando, desde casa, luego tendría barbos y carpas en adobo todos los días. En La Puebla del Río sobra el arroz, que es el mejor alimento cuando llega alguna catástrofe. Habiendo agua y arroz, la barriga llena. Como sobra la leña no me faltaría el pan. Guisaría en la chimenea y lavaría la ropa en un lebrillo, como hacíamos en Cuatro Vientos. Al no poder ver la televisión evitaría las pesadillas tras ver los sábados por la noche a Elisa Beni y Angélica Rubio en La Sexta. Perdería de vista a Risto Mejide, que está hasta en la sopa, y solo escucharía música en la gramola de Tomás Pavón que tengo en casa. Leería todo el día y por la noche, cuando llegara el frío les contaría cuentos a mis mascotas junto a la chimenea a cambio de que entre todas me cantaran cada noche una nana para irme a la cama a una hora prudente. ¿Quién dijo miedo?


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