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El horizonte

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21 feb 2021 / 04:00 h - Actualizado: 21 feb 2021 / 04:00 h.
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No conviene dejarse llevar por lo que sucede a nuestro alrededor; pero si no damos la solución adecuada podremos perder el edificio que con tanto esfuerzo hemos construido. Estamos asistiendo con sorpresa y también con indignación, al menos una gran parte de la sociedad española, a lo que se podría llamar "ventana de la violencia".

Contemplamos a través de los medios de comunicación cómo, desde hace cuatro días, se ha iniciado un movimiento violento que tiene como objetivo la destrucción de todo lo que encuentra en su camino.

Las razones por las que se ha abierto esta ventana violenta, según los propios protagonistas de la historia, no se sostienen y, además, su fundamentación carece de razón.

Pero nos encontramos ante un grupo de políticos que ha decidido convertir la no razón en un movimiento activo de desestabilización. La pregunta razonable que nos hacemos la mayoría de las personas es ¿qué buscan?

Antes de responder conviene que nos situemos en la realidad que nos está tocando vivir. Somos, lo ha dicho el Presidente de Gobierno "una plena democracia", una democracia madura que se halla entre las 20 primeras del mundo como sistema de convivencia. Nuestro horizonte es seguir animando el respeto y el bienestar de la población, y esto hay que hacerlo con dialogo nunca con violencia.

El horizonte no puede estar marcado por la sin razón de actos apoyados en la destrucción de todo lo que un grupo de violentos encuentra en su entorno ¿qué razón existe para que el vandalismo sea la expresión de este colectivo? La respuesta a esta interrogación hay que relacionarla con la pregunta anterior ¿qué buscan?

Lo cierto es que quienes creemos en la democracia no logramos asimilar las barbaridades que se están diciendo por parte de algunos políticos justificando la violencia. Da la impresión que, en cuestión de segundos, nuestra democracia se está viendo afectada por una máquina destructora del edificio solido que hemos construido hasta la fecha. Pareciera que existe una fuerza o movimiento interno que, conociendo la estructura, quisiera erosionarlo y debilitarlo para que se desplome sin importarle las consecuencias.

La democracia cuenta con unas reglas de juego, con un marco jurídico que nos recuerda a quienes habitamos en la misma que existen deberes y derechos, y ambos deben ejercerse con responsabilidad y con compromiso. Romper la armonía es oscurecer el horizonte. Desestabilizar la convivencia, generando odio y rencor, tiene una gran transcendencia social por cuanto nos hace caminar por una vereda que nos puede conducir al precipicio.

Se está generando un malestar que transmite una imagen al exterior de descontrol y de inseguridad, y esto no puede traer nada bueno. Ahora, en estos momentos, nuestro país tendría que ser un vivo ejemplo de convivencia porque si lo que presentamos al mundo es ruptura, el horizonte que se podrá ver es inseguridad. Precisamos transmitir serenidad y estabilidad porque nos tenemos que recuperar económicamente, al mismo tiempo que tener la prioridad de salvar vidas humanas y limitar al máximo la pandemia que nos asola.

La violencia solamente puede traer más violencia y esto significa que nuestra imagen se deteriora. Cuando existen políticos que justifican lo que no es justificable y, además, tienen influencia en el ejecutivo y en legislativo, algo no está funcionando. Se puede discrepar pero hay que hacerlo desde la razón. Razonar en una democracia es fundamentar una postura política que verdaderamente nos haga crecer como sociedad. Es tener un horizonte que posibilite acercar ideas y reforzar los cimientos del edificio de la democracia porque lo contrario es socavar los pilares del ejecutivo, del legislativo y de la judicatura. De esta manera el horizonte se diluye y deja de ser un referente que refuerce los valores que deben de regir un Estado democrático.

¿Qué buscan los que empujan a los violentos? No seamos ingenuos, buscan el caos y la desestabilización de las instituciones democráticas. Esto responde a una estrategia clara y nítida. Podremos taparnos los ojos; pero una vez nos quitemos la venda, nuestra visión se dirigirá a un horizonte perdido y esto puede ser muy peligroso. La ingenuidad, en esta perspectiva, es la negación de la razón y sin ésta es imposible sostener la democracia basada en la libertad y en la capacidad de convencer desde el dialogo y la escucha.

Desde nuestra ingenuidad no queremos reconocer que lo que buscan los ideólogos de lo que podemos llamar "ventana de la violencia" es articular una estrategia que les pueda dar la razón a sus parámetros políticos. De ahí que la población diana de su trabajo sean los jóvenes entre 16 y 25 años, claro de un determinado perfil, porque serán estas personas las encargadas de ser el movimiento visible de su revolución. Desgraciadamente nada es gratuito y todo tiene un precio.

Hablar de déficit democrático y, de pronto, que aparezcan movimientos violentos no es casualidad, puede responder a una planificación concreta. Los medios de comunicación se centran en la noticia de la falta de democracia o de una democracia bastante imperfecta, comienza un debate en los mismos recogiendo la declaraciones de políticos diversos, se reclama a los responsables del gobierno que se pronuncien, y paralelamente se ven imágenes de enfrentamiento con la policía en donde hay un alto nivel de destrucción urbana. Aquí tienen Vds. la respuesta a la pregunta de qué buscan.

Ha empezado la división y la confusión. No hay nada más eficiente cuando se quiere comunicar un mensaje que generar, en la opinión pública, opiniones encontradas y subidas de tono; miremos, observemos los informativos y nos percataremos que llevamos unos días asombrados por lo que está ocurriendo. Cuando un tema es el eje central de las noticias se busca, por los que han estudiado y definido la estrategia, la división de las personas. La única forma de no lograr la división es que la razón supere a la sin razón. Los medios de comunicación juegan un papel fundamental en la transmisión razonada de las noticias; de ahí que los estrategas busquen que los medios queden plegados a su objetivo. No es baladí cuestionar la libertad que los periodistas deben de tener para ejercer su trabajo. Todo, absolutamente todo, está estudiado por quienes definen la estrategia del caos.

Sí, podemos seguir siendo ingenuos porque esto nos puede tranquilizar y nos ayuda a justificar nuestra visión y nuestra postura cómoda; pensamos que todo pasará; pero un análisis de la realidad debe hacernos conscientes que el horizonte del que hemos disfrutado hasta la fecha puede verse diluido.

Los pilares de la democracia deben de asegurarse y para ello se precisa un ejecutivo sólido, apoyándose en quienes creen firmemente en la dinámica democrática; si esto no ocurre estamos ante un horizonte complicado. Es verdad que ejercer la labor de gobierno no es tarea fácil cuando no se dispone de una mayoría suficiente; pero también es cierto que un gobierno debe de tener coherencia, al mismo tiempo que una voz que transmita solidez, respetando las Instituciones que nos hemos dado. El gobierno debe de ser el referente para una convivencia sana y saludable.

¡El horizonte tiene que ser lúcido! "La ventana de la violencia" tiene que ser apartada de nuestra sociedad y para ello lo que precisamos es referentes políticos que trabajen por afianzar los ejes que serán los cimientos del "edificio de la democracia". La solución es un horizonte que despeje las dudas y las incertidumbres.


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