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Los medios y los días

El humano es el problema

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11 sep 2022 / 04:40 h - Actualizado: 11 sep 2022 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • El presidente de Rusia, Vladimir Putin. / EFE
    El presidente de Rusia, Vladimir Putin. / EFE

Las campanas doblan por nosotros mismos. El problema no es el otro sino nosotros mismos. Eso sucede en todas partes, sea el humano habitante de una tribu o miembro de la casta privilegiada del mundo. Lo penúltimo que nos dicen es que vienen un otoño y un invierno especialmente crudos mientras que estamos sufriendo la inflación. Lo de la inflación iba a llegar con guerra y sin guerra porque ya conocemos estos momentos, intrínsecos al sistema de mercado, un sistema que es el humano mismo en acción, aquellos que desean destruir al mercado destruirán a la especie humana y eso si no es el propio mercado quien la destruye antes. Tremendo laberinto, tremenda encrucijada, todo ha caminado hacia el mercado global desde la caída del comunismo en 1991 y antes, desde siempre. Y sigue caminando, quien crea que puede llegar un socialismo a reemplazarlo, primero debe pasar por la prueba de fuego del mercado y, si la supera, podrá hablar de implementar el socialismo. Marx no pretendía que el socialismo se implantara necesariamente a base de sangre, sudor y lágrimas sino más bien por evolución material, intelectual y espiritual del humano.

Si tanto hemos predicado a favor de Ucrania, si tanto hemos donado, rezado, lamentado, ahora me imagino que con toda la coherencia del mundo sacaremos las mantas, las sardinas en arenque y un vaso de agua y seguiremos solidarizándonos con ella. Eso es la coherencia, ¿verdad? Estamos intentando detener a un país y a un señor -Rusia y Putin- que pretenden invadir Europa. Putin es un nazi, según Josep Borrell, hay que tenerlo ahí, detenido en Ucrania, para que Rusia vaya desangrándose y el maligno se rinda, como en Afganistán los soviéticos. Los muertos de Ucrania son un mal necesario para la paz mundial. Borrell, por cierto, me ha sorprendido: qué mediocridad de hombre, no me lo esperaba, quiso gobernar el PSOE, se lo cargó Almunia con el apoyo del aparato y ahora va por ahí, tan obediente, tan correctito.

Ya no hay marcha atrás, la diplomacia parece congelada, de lo que se trata ahora es de ganarle a Putin como sea, aunque tenga que morir toda Ucrania. Putin no ha destruido Ucrania y Kiev, en concreto, porque no ha querido, porque no ha empleado la estrategia de Estados Unidos con Bagdad, por ejemplo, en 1991: bombas a lo bestia contra la ciudad, oh, qué bonito, en las noches de Bagdad las bombas al caer sobre la capital iraquí daban la impresión de que aquello parecía un árbol de Navidad, dijo un piloto de guerra norteamericano. ¡Cabrón! ¡Ponte tu debajo del árbol! ¡Caliéntate bajo sus ramas! Putin pudo hacer lo mismo con Kiev. ¿Por qué no lo hizo? No lo sé, dicen que porque su pueblo nunca lo hubiera perdonado, Kiev es muy querida por los rusos, recuerdo que antiguamente, en época franquista, cuando los medios publicitaban un viaje a la URSS las ciudades a visitar eran: Moscú, Leningrado y Kiev. ¡Pobre Kiev!

Si nadie quiere detener esta guerra el problema está en nosotros que actuamos con la parte más primitiva de nuestro cerebro, poseído por los medios de producción que ha creado. Por tanto, ajo y agua, esto es, a joderse y aguantarse. Si no nos gobernamos ni a nosotros mismos eso es lo que nos espera. Yolanda Díaz quiere limitar el precio máximo de los productos básicos. Parece una idea racional. Para el mercado no lo es, dicen los medios de derechas que entonces sube el mercado negro y los productores se negarán a hacer su trabajo por falta de ganancia. Se supone que lo que persigue Díaz es que no pierdan dinero y que no ganen tanto. Pues no, no hay trato. ¿Cómo que no? Entonces, ¿para qué está el Estado? ¿Para qué oigo tanta solidaridad entre los humanos? Caminamos sobre mentiras, imaginarios, cuentos que llevamos creando desde el principio de nuestra vida como especie para no matarnos a nosotros mismos o para matarnos bajo los efectos de la adicción a los cuentos. Por el momento, agarren más mantas, sopas de vasos de diversos sabores, latas de sardinas, fritos secos, galletas y agua, a eso hemos llegado, eso es para lo que nos sirve un cerebro con casi 90.000 millones de neuronas.


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