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El huracán

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11 feb 2020 / 13:49 h - Actualizado: 11 feb 2020 / 13:54 h.
"Excelencia Literaria"
  • El huracán

Por Irina Galera
La juventud agitaba sin control nuestra pasión. De hecho, me decías que lo nuestro era un huracán de fuerza desbordante y destructiva. Según tú, «es tanta la energía que desprendemos que no podemos dosificarla ni encauzarla». Te perdiste en mí y aunque yo tenía el GPS en la mano, cuando quisiste restaurar tu cordura fue demasiado tarde.

Ante el amor éramos jóvenes inexpertos; querernos bien fue intentar “descifrar signos sin ser sabios competentes”, como dice la canción. Tú eras impulsivo y no hiciste el esfuerzo para llegarme a conocer. Creo que no escarbamos nuestra superficie y no nos vimos bajo la piel.

Para ti el amor significaba descontrol, dejarlo todo, soltar las riendas de la sensatez para darle el cetro al corazón. Pero esa efusividad contrastaba con mi manera de quererte: con mesura, con templanza, manteniendo la precaución ante tantas expectativas.

Preví que la hiedra iría a enredarse, poco a poco, en nuestro muro. Aunque el amor requiere tiempo y paciencia, teníamos diecisiete años cuando nos fugamos de casa en tu moto. Si a ti aquello te resultaba una aventura maravillosa, yo iba arrepintiéndome por dentro, pues esperabas de mí lo que yo no soy. Porque nunca he sido alocada. Es más, me cuesta soltarme el pelo, que siempre llevo recogido en una coleta. Mientras conducías a ciento ochenta kilómetros por hora, yo avanzaba a la velocidad de un caracol lisiado. Mientras te lanzabas a la piscina de cabeza, yo tardaba media hora en meterme hasta las rodillas.

Para mí el amor no es un huracán sino una brisa. Aún así todavía guardo nuestros recuerdos. Tú risa, que me hacía olvidar las preocupaciones. Conservo en la memoria su musicalidad y cada vez que estoy de bajón recupero el eco de esa manera de reír a carcajadas. Te reconozco que eres la felicidad hecha persona, un terremoto que sacudió mi isla desierta. Pero durante años pensé que estabas equivocado. Me decía «el amor no es rápido, es cauteloso. No es lanzarse a correr, es caminar lentamente».

Ahora que me aparecen las primeras las canas, me doy cuenta de lo equivocada que estaba, pues me he enamorado y la emoción sacude mi alma. Por fin sé la verdad: no estuve enamorada de ti. Lo que siento ahora es real; aquello fue fantasía. A mis diecisiete me hipnotizó el deseo de tener un novio motero, pero ahora el torbellino que me recorre no es una fantasía. He tardo en conocer ese huracán del que tanto me hablabas.


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