La Gazapera

El incombustible Romerito de Jerez

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
24 jun 2022 / 09:19 h - Actualizado: 24 jun 2022 / 09:20 h.
"La Gazapera"
  • El incombustible Romerito de Jerez

Manuel Romero Pantoja, Romerito de Jerez, será objeto hoy de un homenaje privado en una conocida venta de la provincia de Sevilla, la única donde ponen las chuletitas de conejo. Cumple el maestro de Santiago 90 años y aún es capaz de aburrir a esos cantaores de moda que no serían gran cosa sin Facebook. Nació en 1932, en plena Ópera Flamenca, un año antes de la muerte de su paisano Manuel Torres y tres después de que se fuera también su otro paisano ilustre, Don Antonio Chacón. Gitanito pobre, bailaba y cantaba como los ángeles para buscarse las papas y cuando en los años cincuenta trabajaba en el cuadro del sevillano Tablao El Guajiro, que estuvo en la calle Salado, en Los Remedios, se enamoró en Sevilla y de la ciudad de la Giralda, donde vive desde hace décadas. Todavía se le puede ver andando por las mañanas para estar en forma, porque se aferra a la vida. Romerito ama la vida, la amistad, las reuniones con los amigos y echar un rato de cante sin que medie el dinero, aunque no es rico. El cante solo le dio para vivir bien, primero con apuros y más tarde, cuando ya era un maestro del cante, con holgura. Se compró su pisito en el Polígono de San Pablo, porque nunca se quiso ir de Sevilla, como Manuel Torres, La Malena, La Macarrona, Fernandoa Antúnez o El Gloria, todos de Jerez. ¿Por qué nuestra ciudad no tiene un detalle con el maestro Romerito? La Bienal, por ejemplo. Pero bueno, hoy no va de reñirle a Sevilla, sino de estar con el maestro jerezano para felicitarlo por sus 90 años de arte. El arte flamenco ha perdido humanidad, los flamencos suelen ir a lo suyo desde hace décadas, pero mientras viva esta artista, Romerito, mientras sigamos viéndolo andando a compás por Sevilla, como un chaval, quedará un hilo de esperanza. Si tuviera poder organizaría un ciclo para llevarlo a todas las universidades de España y que nuestros jóvenes supieran quién y qué es este jerezano de oro. Que disfrutaran con su sabiduría, vivencias y anécdotas. Que sintieran en la piel el torniscón de su voz gitana preñada de melismas, su cante natural, sin pamplinas efectistas, y, sobre todo, de su sencillez andaluza. Un día se irá y se lo llevará casi todo, como se lo llevaron Chacón y Torres, Terremoto y El Sordera, El Torta y Moraíto. Se llevará la memoria, sus recuerdos, los de un niño gitano que quiso ser artista flamenco porque había nacido donde nacen los genios del cante de pellizco, en Jerez, donde asustaban a los fantasmas del hambre con el arte. A la espera de que tenga su reconocimiento nacional, hoy vamos a disfrutar de su compañía en privado, sin carteles, cámaras o moscones. Felicidades, maestro Romero. Y gracias, Eduardo Mellado, por ser tan flamenco y tan humano.


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