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Los medios y los días

El necesario relevo generacional

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21 jul 2022 / 04:00 h - Actualizado: 21 jul 2022 / 04:00 h.
"Los medios y los días","Medios de comunicación"
  • Álvaro Ybarra y Alberto García Reyes, en una foto publicada por Extradigital. / El Correo
    Álvaro Ybarra y Alberto García Reyes, en una foto publicada por Extradigital. / El Correo

Cuando hace un par de días Extradigital me ofreció la noticia de que en el diario Abc de Sevilla su actual director, Álvaro Ybarra, cederá su puesto en septiembre a Alberto García Reyes, volví a darme cuenta de lo necesario que es no sólo llevar a cabo el relevo generacional en todos los órdenes de la vida sino lo importante que resulta elegir a la persona adecuada para ese relevo. La foto me inspira una mezcla de tristeza y alegría; tristeza al ver cómo han pasado los años por los periodistas sevillanos a los que conocí más cercanamente en otros tiempos. Alegría al comprobar que llegan otros como García Reyes, un acierto, sin duda, egresado de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla en la que ya llevo treinta y un años impartiendo clases después de haber ejercido la profesión periodística otros diecisiete.

Se nos fueron grandes periodistas con los que podías simpatizar o no, pero eso no los privaba de su grandeza: Celestino Fernández Ortiz, Juan Teba, Nicolás Salas, Manuel Ramírez de Córdoba, José María Javierre, José María Requena, José Guzmán, Nina Salvatierra, José María Gómez..., y últimamente, de forma imprevista, Antonio López Hidalgo, con quien compartí profesión en los inicios de los años ochenta y universidad durante casi tres décadas. Me dejo a muchos, que me perdonen. El registro de la Asociación de la Prensa de Sevilla te va anunciando que ya te toca el turno. Cada vez tengo un número más bajo de socio, de entre unos mil asociados, soy el número 40 en la actualidad y ya debo haber bajado un par de puestos, al menos.

Recuerdo al Álvaro Ybarra joven, periodista económico, que me llamaba por teléfono cuando yo ejercía de responsable de prensa de aquel castigado Instituto de Fomento de Andalucía (IFA) en el que tanto aprendí y al que vi agonizar desde la Facultad de Comunicación, dejando a algunos de mis más queridos excompañeros manchados por una presunta culpa que una banda de corruptos les traspasó sin que por fortuna llegara a nada porque fueron absueltos, aunque alguno falleciera antes de enterarse. La Junta proyecta incluir al IFA -hoy IDEA- en una macroinstitución pública de apoyo al desarrollo andaluz, una excelente iniciativa.

Había en Sevilla un número reducido de periodistas económicos que era, sin embargo, excelente; ahí estaban el clásico Martín Rísquez o Pilar de Andrés, dos informadores que lo querían saber todo, junto con Álvaro Ybarra. Ya nos vamos apartando todos del centro de la escena para dar paso a los que tienen la obligación de hacerlo mejor. Alberto García Reyes ha sido en alguna ocasión centro de la charla de varios profesores de la Facultad, algunos de los que hemos sido cocineros antes de frailes. Desde un primer momento, nos llamó la atención la agudeza y corrección de su pluma y su conocimiento de la ciudad. Hablábamos de la proyección que tenía. Y ahí está, donde le corresponde.

A niveles docentes e investigadores, los periodistas de antaño también estamos llevando a cabo el relevo generacional. En la universidad se ven estas cuestiones a más largo plazo porque nos podemos jubilar con 70 años y a veces te quedas tres años más de profesor emérito (en la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, hasta nueve años adicionales puedes ostentar esta condición).

Los viejos periodistas, a su vez viejos profesores periodistas, nos vamos jubilando, muriendo o cediendo responsabilidades, como debe ser. En mi caso, mis tres principales iniciativas académicas las conducen ya discípulas mías, hijas académicas que uno ha criado y que son fabulosas en lo suyo. Es ley de vida, y hoy, bastante cansado y algo melancólico porque siete días superando los 40 grados son demasié p’ar cuerpo, comento el cambio de director en Abc, envuelto por la alegría y la tristeza que imprime el transcurrir inexorable de los años.


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