jueves, 29 julio 2021
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Los medios y los días

El odio viene de muchas partes

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11 jul 2021 / 04:00 h - Actualizado: 11 jul 2021 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • El odio viene de muchas partes

El humano odia al humano. Empecemos por ahí. Parece una expresión muy fuerte. Si alguien lo desea anoto: recela, envidia, desconfía, rechaza... O si se prefiere escribo simplemente que guarda su territorio frente a quien lo amenaza con su presencia o su condición. Qué fácil es echarle la culpa a alguien, Franco a los comunistas y a los masones, los que se tienen por progresistas, a Vox. Yo sé de profesores que se definen progresistas y defensores de la enseñanza pública que en cuanto pueden se escaquean de la universidad corrigiendo aprisa y corriendo los exámenes, colocando notas del gusto del alumnado y haciéndose los simpáticos con ellos y les va bien porque estamos en la sociedad del espectáculo permanente donde hay que hacer reír a los niños. Esta gente “progresista” de la que hablo es peor que los fascistas conscientes porque juegan y se defecan en los principios que afirman sostener y de paso en todos aquellos y aquellas que luchan de verdad por ellos y han muerto por ellos. Odiar es palabra fuerte y hasta patológica, yo a esa gente la desprecio que es bastante, pero son los que llevan la manija del pensamiento hegemónico actual, con la complicidad de quienes corresponde implantar el fin de este desmadre hipócrita. No escribo esa cursilada, implementar, escribo implantar.

El odio lo siembran los de Vox o los de Podemos o los de... No, el odio procede del humano mismo, que se agrupa por clanes, por tribus, y así sigue, salvando las distancias; que si le faltan mujeres para preservar la tribu asalta la tribu de al lado y se lleva a las hembras, que si nacen demasiadas mujeres o niños débiles los mata no tanto por odio sino para sobrevivir. En la Edad Media la presión tributaría del feudal laico o eclesiástico obligaba a sus vasallos a sacrificar a sus hijas porque necesitaban brazos más fuertes para labrar la tierra y así poder hacer frente a las exigencias de su señor protector y a la vez opresor. ¿Qué hicieron algunos de estos vasallos? Se marcharon a las ciudades donde se estaba formando la clase social que ahora domina el mundo. ¿Cómo lo ha dominado? Odiando, despreciando, matando.

Qué simplicidad la de unos y otros, que ven delitos de odio sobre todo por un lado de sus visiones miopes cuando el odio nos envuelve desde la familia hasta la macro-historia. Nos aguantamos y nos “queremos” no porque nos amemos sino porque nos necesitamos para no morir ni espiritual ni físicamente. ¿Es duro de admitir? Tampoco a mí me gusta el cuento pero me han educado con cuentos y ahora pretenden seguir contándome cuentos de los vulnerables y de los que sufren riesgos de marginación. ¡Los filósofos están en riesgo de marginación!, ¡qué digo en riesgo! ¡Están ya marginados y hasta se ríen de ellos! A veces los medios los sacan supuestamente para dar un toque de sobriedad a un espacio. Los negros odian a los negros, los tutsis y los hutus se mataban sin pudor alguno, los negreros blancos tenían en los emprendedores negros a unos excelentes colaboradores para apresar a quienes eran vendidos como esclavos aquí y allí, los aztecas y los incas destruyeron a todas las culturas que tenían a su alrededor antes del periodo colonial español y europeo, Inglaterra masacró a China sin piedad en las guerras del opio. ¿Habría necesidad de tantas leyes y tantos organismos de esto y lo otro y de tantas fronteras si los humanos no nos odiáramos entre nosotros?, ¿si no viéramos como una amenaza a nuestra existencia la presencia del otro? Es la maduración de nuestros cerebros y de nuestra cultura la encargada de empezar a terminar con esta situación, si es que esa maduración se produce. Porque eso que llamamos cultura, costumbres, valores, fronteras, son cadenas que creamos para hacerle frente al odio ancestral de nuestra especie.


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