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La Tostá

El pellizco online

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
21 ene 2021 / 06:40 h - Actualizado: 21 ene 2021 / 06:44 h.
"Flamenco","La Tostá"
  • El artista Silverio Franconetti.
    El artista Silverio Franconetti.

Algunos aficionados repartidos por el mundo me han hecho la oferta de pagarme por hablar conmigo de flamenco a través de una videollamada. Estudio las ofertas, pero no lo acabo de ver claro. Y no me refiero a lo mal que van las videollamadas donde vivo, en un pinar, sino al hecho de cobrar por algo así. Conste que hay quienes lo hacen y que se ha convertido en un negocio lucrativo, sobre todo ahora, con lo de la pandemia, con tantos artistas sin trabajo. Enseñar a cantar es algo imposible, y mucho menos online. Imaginen lo que tiene que ser enseñarle a un finlandés a cantar el macho de María Borrico o la cabal de Silverio. No solo a un finlandés, sino a alguien del terruño, de San Fernando o Alcalá de los Gazules. En el siglo XIX, algunos maestros del cante, o maestras, enseñaban a jóvenes intérpretes y no decían ven para acá que te voy a enseñar a cantar la caña del Fillo. Se decía “te voy a poner la caña del Fllo o la soleá de Paquirri el Guanter”. Esa era la expresión: “Te voy a poner un cante”. El trianero Ramón el Ollero daba clases de cante en su casa de la calle Palomas, en el Barrio de la Feria, porque se quedó sin voz y vivía un poco de eso. Discípulos suyos fueron el Colorao de la Macarena y Manolo Centeno, entre otros. Iban y el viejo Ramón Rodríguez Vargas, que tocaba también la guitarra, les ponía cada día un tercio de cante a cambio de unas pesetas.

Pero el Ollero era un maestro del cante, de los más grandes de su tiempo, que había conocido a los artistas más célebres de su época, desde Frasco el Colorao y Silverio, hasta Manolillo el Maestro y el Bizco Sevillano. Por tanto, don Ramón estaba capacitado para ponerle cosas a un joven que quería ser cantaor, y lo hizo. Pero hoy es que están dando clases intérpretes que más bien están necesitados de aprender, sin dar nombres, que cada cual es muy libre de ganarse las papas como mejor le resulte. Encima, estos maestros lo hacen online. Tienen una ventaja: que cuando el alumno lo pone en algún compromiso, corta la videollamada y dice que Internet está fatal. Si viviera el gran Chano Lobato, le llamaría “mangar”. En Cádiz, cuando el hambre, los cantaores salían de noche “a mangar”. Incluso de día, cantando en los coches de caballos, algo que Chano hizo mucho de joven para llevar algo de dinero a su casa. Es muy legítimo ganarse el pan mangando, buscarse la vida en fiestas o en Internet. Todo el que canta tiene algo que enseñar a los demás, de eso no me cabe ninguna duda. Pero esto se nos está yendo de las manos y no creo que le hagan ningún bien al flamenco. Por eso no tengo nada claro que vaya a aceptar el ofrecimiento de esas personas que consideran que hablando conmigo a través de una videollamada les pueda enseñar nada. Desde luego, no a cantar, a tocar la guitarra o a bailar. A lo mejor sí podría aportarles algo hablándoles de los artistas del XIX, de los palos o las escuelas. Contarles vivencias y anécdotas, eso sí. Pero lo haría gratis, y además encantado.


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