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La Tostá

El periódico de mi vida

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
30 ene 2019 / 07:00 h - Actualizado: 29 ene 2019 / 11:57 h.
  • El periódico de mi vida

El Correo de Andalucía va a cumplir 120 años el próximo día 1 de febrero. Ni mis abuelos habían nacido cuando fue creado por Marcelo Spínola. La Niña de los Peines lo había hecho nueve años antes y el Salón Novedades era un hervidero de arte y artistas en la céntrica Campana. Chacón llevaba ya más de diez años viviendo en la capital andaluza y su paisano Manuel Torres estaba a punto de llegar para revolucionar el cante gitano mientras La Macarrona y La Malena le ponían brazos de arte jerezano al baile pasando fatigas en la Alameda de Hércules. En junio haré treinta y cinco años en el decano de la prensa sevillana, que se dice pronto. Más de la mitad de mi vida escribiendo de flamenco, y de otras cosas, en un diario sevillano que siempre apostó, y lo sigue haciendo, por el flamenco. En los años sesenta ya había una sección fija dedicada a este arte, que hacía el ya desaparecido crítico jerezano Juan de la Plata. Era lector de El Correo antes de empezar a escribir en él por ser el diario de los barrios obreros de Sevilla, como Su Eminencia, donde viví desde 1973 hasta 1977. En casi todos los bares o tabernas de este barrio y los adyacentes, como Juan XXIII y El Cerro, se podía leer El Correo cada mañana manchado de manteca colorá. En 1984, Emilio Jiménez Díaz, hoy mi compadre, me invitó a colaborar en el suplemento Correo Flamenco, de cuatro páginas cada martes. Nunca en toda la historia de la prensa mundial un periódico le había dedicado un suplemento semanal de cuatro páginas al arte flamenco. Esto se logró en tiempos del cura José María Javierre, de imborrable recuerdo. Una mañana fui a la sede del periódico, cuando estaba en la Carretera Amarilla, y al verme dejar el sobre con mis artículos en la puerta me preguntó que quién era. Se lo dije y me autorizó a entrar en la redacción. Fue la primera vez que vi la redacción de un periódico. Allí estaban José María Gómez y Pepe Guzmán, dos históricos del diario, quienes serían más tarde mis maestros. La rotativa estaba funcionando y aquella mañana supe que quería ser periodista y crítico de flamenco, aunque tuviera que hacerlo compatible con las calicatas en Sevillana de Electricidad. Y también, que El Correo de Andalucía sería el periódico de mi vida, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte nos separara. Sí, quiero, dije aquella mañana con ojos de enamorado.


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