miércoles, 30 septiembre 2020
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Los medios y los días

El pinchazo en el dedo

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09 sep 2020 / 04:00 h - Actualizado: 09 sep 2020 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • EFE/David Arquimbau Sintes
    EFE/David Arquimbau Sintes

Estoy hasta las meninges de ver imágenes y fotos en los medios de comunicación que muestran pinchazos en los dedos con esto de la pandemia. Sé que, racionalmente, es una pamplina, pero es que yo no puedo soportar un pinchado en un dedo y menos si es en el dedo corazón de melón, melón, melón, melón, corazón. Cuando veo esa escena se me levanta el estómago y no puedo terminarme la sopa Maggi ni la fideuá de Mercadona. Es como si Eduardo Manostijeras deslizara sus dos garras por la superficie de una pizarra. Debo apartar la mirada y taparme los oídos para no escuchar lo que diga el informante.

Me temo que si a la Junta se le mete entre pecho y espalda nos van a llevar a los profesores de universidad a que nos exploren los dedos con agujas, ¡con agujas! Y además muchas veces pinchan a lo loco, no señor, no se pincha en la yema, se pincha en el lateral del dedo que jode menos. Por otra parte, si lo que quieren es mi sangre que me pinchen en la espalda que ojos que no ven corazón que no siente. Pero en un dedo, ¡en un dedo...!

Si como periodista tuviera que tomar una foto o unas imágenes en movimiento de tal suceso lo haría y a continuación que preparen la sala de los desvanecimientos y los vómitos porque ingreso de urgencia. Cuando nació mi última hija, con tal de no ver aquello saqué mi móvil, pedí permiso al matrono -era un hombre- y a la enfermera y filmé todo el parto. Me dije: tío, al pie de la noticia, hay que dar el do de pecho y si miras por el ojo del móvil la cosa cambia de intensidad emocional y no tendrán que atenderte a ti. Y por ahí estará el “documental” con la madre pariendo con las gafas puestas -que no sé para qué las querría- y el matrono o matrona-hombre de espaldas -no quería que sacara su rostro- trayendo a mi hija al mundo y hablando conmigo de las tortas tan ricas que había en Salteras porque él era de Salteras y hubo un tiempo en el que yo iba a Salteras sólo a comprar tortas. Ahora no sé si quedarán ya porque son tiempos difíciles, va uno a un establecimiento y o lo han cambiado por otro o lo han cerrado.

Puestos a buscar virus, prefiero que me introduzcan por la nariz ese palitroque que la gente dice que es muy malo porque te llega al cerebro y te lo altera. Para mí eso es lo de menos porque lo tengo alterado desde hace tiempo, estoy ya en edad de jubilación y una de mis grandes ilusiones en formar un grupo de rock, padezco un evidente desfase entre mi edad biológica y mi edad psíquica. En mi película preferida, Sesión continua, de Garci, un guionista y director de cine, interpretado por Adolfo Marsillach, al que le habían aconsejado varias veces que fuera al psiquiatra, respondía que leches, que vivía del su cerebro y no se lo tocaba nadie. Bueno pues yo vivo de mi cerebro y peor que está no creo que se quedara por culpa del palito, todo menos el pinchazo en el dedo que muestran los medios un día sí y el otro también a la hora de la comida o de la cena. Sin anestesia.


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