¿El plástico o nosotros somos el problema?

Image
31 ago 2022 / 11:11 h - Actualizado: 31 ago 2022 / 11:14 h.
  • ¿El plástico o nosotros somos el problema?

Producido gracias a hidrocarburos derivados del petróleo, el plástico – cuyo mayor inconveniente es su lenta e impactante degradación, además de su dependencia de los combustibles fósiles – ha traído una democratización de los precios, y de consecuencia de consumos a partir del siglo pasado. Comenzó a fabricarse en la década de los 50, desde entonces se han producido más de 8,3 mil millones de toneladas de este material. Actualmente, cada año se supera la producción inicial en un 900%. Por su maleabilidad es un material que garantiza infinidad de usos y posibilidades, pero comporta una significativa incidencia en términos ambientales. De hecho, entre 8 y 16 millones de toneladas terminan ensuciando y contaminando nuestros mares. La mayor parte del resto ni se recicla ni se procesa. El principal problema del plástico y de su dispersión en la naturaleza nace del hecho que tras su uso no sabemos ya donde meterlo. Es patente la presencia de bolsas de plásticos, objetos y botellas abandonados en calles, bosques y playas. Debido a la incorrecta gestión de los residuos urbanos, mucho plástico termina quemándose en los incineradores y ya sabemos que estos generan contaminación, dañan la salud pública, agudizando los problemas que pretenden resolver.

Dicho todo esto, quiero aclarar que no odio el plástico. Soy muy consciente que ha revolucionado nuestras vidas, casi a proyectarse como una de las características de nuestro tiempo. No puedo negar que ha democratizado y facilitado el consumo y ha transformado la industria. Pongo ejemplos. Con la síntesis y la difusión del nylon, a mitad de los años treinta, por ejemplo, las mujeres descubrieron que los pantis eran más económicos que las medias de seda. Otro ejemplo que me viene a la cabeza es que durante la II Guerra Mundial la industria bélica empleó la poliamida para fabricar los primeros paracaídas no de seda. Son solo dos ejemplos, la realidad es que desde los años cincuenta, el plástico nos invade, en nuestros armarios, en la cocina, en los coches, en las consultas médicas, en el packaging que envuelven los alimentos que compramos, los juguetes que nos han visto crecer a nosotros y a nuestros hijos o en la electrónica que usamos todos los días. El 1973 el PET (polietileno tereftalato) invade el mundo de los envases, con la patente sobre las botellas de plástico, resistentes, sutiles, transparentes en las que seguimos bebiendo refrescos y agua.

Una pregunta me hago a este punto: ¿es el plástico o somos nosotros el problema? El plástico no camina solo y esa sopa de plásticos varios que envenena nuestros mares la hemos producido y cocinados los humanos no respetando unas mínimas reglas de comportamiento cívico.

Si no somos ciegos, nuestros ojos podrán observar que de tantos millones de toneladas de plástico que terminan en los océanos solo vemos a flote 250.000 toneladas, el resto va a paradero desconocido, o, mejor dicho, en el estómago del pescado que después encontraremos en nuestra mesa y que nos hará digerir muchas micropartículas que harán mucho daño a nuestra salud. Además, cada año más de 1 millón de aves y más de 100.000 mamíferos marinos mueren como consecuencia de los plásticos que llegan al mar.

Cada uno de nosotros puede hacer mucho para evitar tanto desastre ambiental.

Es vital que aprendamos a reciclar y a reducir el uso de plásticos en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, no pidiendo bolsas en el supermercado, por ejemplo, tratando de comprar menos productos envasados y comprar a granel. Nuestro granito de arena es esencial para mejorar la vida del planeta. Tenemos que cambiar la forma en la que consumimos este material y concienciarnos que los ríos, mares y lagos no son papeleras urbanas donde arrojar el plástico usado.

Es urgente que todos nos pongamos manos a la obra.


Revista Escaparate Empleo en Sevilla Más seguros Edictos