miércoles, 28 julio 2021
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Los medios y los días

El pollo de Mercadona

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22 jul 2021 / 04:22 h - Actualizado: 22 jul 2021 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Imagen de ‘Caminando entre las tumbas’.
    Imagen de ‘Caminando entre las tumbas’.

Está bueno y es ideal para los que somos singles, así, en inglés, para que resulte más actual y cursi. Me refiero a ese pollo que ya viene hecho, troceado y en una bolsa de plástico, que se saca cacho a cacho de la bolsa y a su vez cada pedazo se presenta en otra bolsa con su salsa dentro. Se extrae, se mete en el micro y listo para comer. Maravilla. No sé si dará cáncer, prefiero no pensar en ello porque este mundo es una locura y, mira, voy a comer lo que me dé la gana, literalmente, lo que me dé la gana, y luego que salga el sol por Antequera porque quiero recordarles a mis lectores que cuando yo era chico el aceite era muy malo y ahora es una maravilla contra el colesterol. No es que rechace a los nutricionistas pero ya me tienen harto con sus descubrimientos cada cinco segundos.

Y ahora llega el pero sobre el mentado pollo de Mercadona, un pero personal e intransferible que he sentido por influencia del cine, los sucesos, los vegetarianos y los veganos. Lo comía con placer y rutina pero un día abrí la bolsa grande -de media caducidad para más maravilla de gente que vive sola- y al ver las bolsitas cada una con un trozo de pollo me entró un sentimiento de pena por ese animal que quién sabe la vida que le habrán dado antes de terminar así. Me acordé de la película Caminando entre las tumbas en la que su protagonista, encarnado por Liam Neeson, se enfrenta a unos criminales que asesinan mujeres, las descuartizan, las meten en bolsas y las dejan por ahí. Me acordé de ese tío, Manuel M.A., al que han llamado “descuartizador de Alcalá”, hace poco lo condenaron a 25 años de cárcel -nada más- por matar y desmembrar en siete partes a su pareja en 2017; me acordé del mozo ese de Estepa, Adrián P, de 23 años, que en este 2021 también ha matado y descuartizado a Rocío Caíz, su expareja que además deja un bebé en este mundo y cualquiera sabe lo que pensará y sentirá en el futuro cuando se entere de cómo murió su madre.

Los vegetarianos y los veganos me importan menos por no decir que me importan un pimiento porque suelen ser narcisos que no se besan porque no llegan pero eso no significa que no tengan bastante razón en el asunto del consumo excesivo de carne, igual que digo que les invade una ignorancia voluntaria e involuntaria al no saber o aparentar que no saben que los alimentos que consumen suponen un trabajo de desforestación y transporte muy dañino para el planeta... Cosas que les ocurren a los posmodernos y rebeldes de papá, mamá y la Red.

El caso es que ese acierto que ha sido el pollo de Mercadona que comento también posee para mí su parte negativa en forma de tragedia emocional, debo intentar corregir estas debilidades que no llevan a sitio alguno en un mundo como el actual donde se aplica muy bien eso de “a Dios rogando y con el mazo dando” cuando, por ejemplo, se defiende al mediocre y se condenan las grandes gestas, debido a la peligrosidad de la estupidez que además de peligrosa para la mente es violenta de palabra y de hecho. Creo que el mejor homenaje que puedo ofrecerle al pollo de Mercadona del que hablo es comérmelo cuando proceda, así también rindo homenaje a sus fabricantes y a los propietarios de El Correo que me dejan publicar estas líneas sin asustarse ante el supuesto de que el señor Roig no les vaya a conceder publicidad -cuando la conceda- ni ninguna otra prebenda o se vaya a incomodar lo más mínimo. Libertad de expresión, como madre, sólo hay una.


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