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La Tostá

El recuerdo de un antimairenista

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
04 sep 2019 / 08:10 h - Actualizado: 04 sep 2019 / 09:13 h.
  • Antonio Mairena. / El Correo
    Antonio Mairena. / El Correo

Mañana se cumplirán 36 años de la muerte de uno de los cantaores más grandes e influyentes de la historia del cante andaluz, Antonio Mairena. Si estuviera vivo me reñiría, porque para él el cante era gitano-andaluz, o sea, de los gitanos andaluces. Ni jondo ni flamenco, cante gitano-andaluz. Estuve en su entierro y recuerdo que pasé un día de perros porque tenía solo 25 años y era mairenista hasta la médula. Amigo suyo, además, a pesar de que era muy joven.

Ver su cuerpo sin vida en el Ayuntamiento, con la cabeza ligeramente inclinada hacia el lado derecho y la nariz taponada con algodones, me dejó sin sangre en la cara, blanca como una patena. Fue llevado a hombros hasta el cementerio local y no recuerdo tanta gente en Mairena del Alcor como aquel día. Todavía hoy, décadas después, lo recuerdo y se me pone la piel como el caparazón de un centollo. Y eso que, para muchos, soy un antimairenista, aunque soy más bien un disidente del mairenismo, doctrina en la que dejé de creer hace muchos años.

Confieso que ahora que ya no vivo en Mairena, donde su recuerdo lo llena todo, me estoy acercando de nuevo a su sobra, una de las más importantes de la historia del cante. No la mejor, siempre he negado eso y lo hago porque la conozco muy bien. Era su obra, como Chacón, Caracol, Pastora, Manuel Torres y Marchena dejaron la suya, sin entrar en comparaciones. La obra de un fenómeno del cante por derecho, de un gitano de Mairena del Alcor que vivió toda su vida por y para el cante. El legado de una persona, no de un dios, que es lo que no han entendido nunca los mairenistas más recalcitrantes.

Antonio decía que ni en su pueblo estaban muy de acuerdo con sus postulados. Que había contrarios a su obra incluso en su familia. Esto lo dijo en una reunión privada, que está grabado, porque en público habló siempre muy bien de Mairena, su pueblo, donde alguna vez fue abucheado y no le prestaron mucho interés hasta su muerte, esa es la verdad, aunque después de entregársele la Llave del Cante en Córdoba le dieran homenajes y calor.

He estudiado tanto a Antonio Mairena que podría escribir diez libros sobre su vida y obra. No lo voy a hacer nunca porque sería un libro crítico y el mairenismo militante no admite críticas. Tampoco me apetece ya analizar la obra de un cantaor al que siempre he amado. Solo escuchar sus cantes, esa manera de cantar que tenía que no era la de su pueblo, sino la suya propia. Cuando Mairena era un niño con ganas de ser cantaor nadie cantaba así en su pueblo. Hoy todos cantan por Antonio Mairena, en la localidad alcoreña y fuera de ella. Hasta yo canto por Mairena cuando estoy solo en casa y recuerdo a aquel portentoso cantaor llegando a un festival con su mascota y sus gafas de sol.

Me han llamado ya tantas veces antimairenista, que creo que lo soy. Y desde esa atalaya contestataria y rebelde, prometo decir cosas bellas sobre el maestro, que murió tal día como mañana de hace 36 años. Quieran los mairenistas o no lo quieran.


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