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La Tostá

El ruego de Luisa Ortega

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
24 feb 2021 / 07:48 h - Actualizado: 24 feb 2021 / 08:22 h.
"La Tostá"
  • Luisa Ortega.
    Luisa Ortega.

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Hace unos días escribí aquí mismo sobre el aniversario de la muerte de Manolo Caracol, que se conmemora hoy –cuarenta y ocho años ya de su marcha–, pero ayer tarde Luisa Ortega, su hija, me pidió por teléfono que lo volviera a recordar hoy y llegué a emocionarme con sus palabras. Luisa adoraba a su padre, y el maestro a ella, y el ruego era que no olvidáramos nunca este día, el 24 de febrero, como el del adiós de un genio del cante, además de una manera trágica, en accidente de coche cuando iba a su tablao de la madrileña calle Barbieri, Los Canasteros. Desde aquella infausta noche, en este día siempre hay unas palabras en todos los tablaos de la Villa y Corte para el maestro del cante. “Es un detalle que tienen con él cada año desde aquel triste día”, me dijo anoche la artista. Luisa Ortega ha sido una de las grandes artistas de nuestro país, que formó pareja con su propio padre una vez que el genio rompió con Lola Flores. Además, la hija de Caracol fue esposa de otro gran artista sevillano, el pianista y compositor flamenco Arturo Pavón Sánchez, hijo del hermano mayor de la Niña de los Peines, Arturo Pavón Cruz, y de la artista sevillana Eloísa Albéniz. Quiere que su padre, Caracol, no caiga en el olvido, algo imposible porque si ha habido un genio sevillano del cante jondo fue don Manuel Ortega Juárez, tataranieto del Planeta y biznieto de Curro Dulce, sobrino nieto de Gabriela Ortega Feria, la madre de los Gallos, y emparentado con el Fillo, Tomás el Nitri y otros muchos artistas del cante y el toreo. Luisa Ortega y una hija de ella y Arturo, Salomé Pavón, cantaora y bailaora, pueden estar tranquilas porque aunque los artistas suelen caer en el olvido, con Caracol nunca va a pasar. Imposible olvidar aquel eco tan gitano que tenía y ese arranque en el escenario que no tuvo nadie más. Un simple fandango de Caracol alcanzó en su prodigiosa garganta la categoría y la altura artística de una seguiriya gitana. El cante jondo nacía y moría con cada tercio de aquel gitano embrujado que nació en la sevillana calle Lumbreras en 1909, en el corazón de la Alameda, cuando la Niña de los Peines preparaba sus primeros discos de pizarra y en Mairena del Alcor estaba a punto de nacer otro gran maestro, Antonio Mairena. Los artistas tienen una gran ventaja sobre los que no lo somos: que son inmortales. Se acabará el mundo, pero el eco de Caracol sonará siempre allí donde un mortal quiera que le partan el ama. Cuarenta y ocho años hace de su marcha y cada año está más vivo y canta mucho mejor. Qué lío lo de su muerte, maestro. Qué lío.


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