Viéndolas venir

El sinsentido del humor tras la ‘bofetá’

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Álvaro Romero @aromerobernal1
29 mar 2022 / 07:06 h - Actualizado: 29 mar 2022 / 07:09 h.
"Viéndolas venir"
  • El sinsentido del humor tras la ‘bofetá’

Todo el mundo anda opinando de la bofetada del siglo. Suponiendo que no formara parte de un guion -y aunque lo hiciera-, lo más lamentable, a mi juicio, no es que Smith perdiera los papeles, o que la imagen resultante contenga una carga machista difícil de digerir, o que nadie reaccionara. Yo creo que lo más doloroso del asunto es que burlarse de alguien que tiene una enfermedad -la que sea- forme hoy parte de cualquier repertorio chistoso, sea mentira o verdad. Da igual.

Me parece tremendo, inquietante, peligroso que nadie revise el guion de una gala que ven millones de personas y que se replica luego, para la posteridad, millones o billones de veces. Me parece más peligrosa aún la posibilidad de que se haya revisado. No sé qué ha ocurrido, pero insisto: da igual. Si no se revisó el chiste, porque no se hizo; si se revisó, precisamente por eso.

Por lo tanto, nuestra preocupación debería ser cíclica porque es bastante probable que hayamos perdido el más mínimo sentido común, el más elemental de los juicios críticos que se nos supondría a estas alturas de la historia. Después de haber luchado, y tanto, por el respeto y la igualdad de personas de distinta raza, de distinta religión o de distinto sexo; después de haber luchado incluso por el respeto a los animales, llega la gala de los premios cinematográficos más importante de Occidente y la bofetada de un famoso actor a un famoso humorista por un chiste sin gracia se dirime en términos de reacción, de educación, de autocontrol, de machismo, de audiencia y de trending topic. Pero a nadie oigo poner el acento en la existencia del chiste en sí sobre una persona –daba igual su género esta vez- que padece una enfermedad. Y da igual la que sea. Lo que importa es que el humorista presentador lo sabía, que la gente que le ríe la gracia lo sabía y que esa gente que ahora anda poniéndose de perfil a favor o en contra del actor que reacciona violentamente también lo sabe. Esta sí que me parece la auténtica “bofetá”. Una bofetá sin mano, sin puño, que es muchísimo peor, porque duele más.

A mí me dolían cuando pequeño aquellos chistes a costa de los enanos o los tartamudos. Veía a los mayores desternillarse y yo me preguntaba qué gracia tenían aquellos lugares comunes sobre personas que, en la realidad, ya tenían sus propios problemas como para soportar un humor sin gracia que se convirtiera en símbolo nacional. Con el tiempo, aquellos chistes se convirtieron aquí en políticamente incorrectos. Y solo ahora creo comprender que esa fue parte fundamental del problema de fondo: dejar de reírnos de chistes sin gracia no porque realmente pensáramos que habían dejado de tener gracia, sino porque, egoístamente, llegáramos a pensar que perderíamos la gracia ante unos chistes incorrectos políticamente, que es bien distinto. Seguramente por eso, ahora que el chiste sobre una persona enferma se hace en un foro políticamente correcto ha habido tanta gente que se ha reído y, a continuación, al ver la reacción del marido, ha puesto el dedo en todas las lunas posibles, excepto en la más preocupante como seres humanos que decimos ser.


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