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Pasa la vida

El talento andaluz suena a premio en música clásica

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Juan Luis Pavón juanluispavon1
29 may 2021 / 13:30 h - Actualizado: 29 may 2021 / 13:31 h.
"Pasa la vida"
  • El talento andaluz suena a premio en música clásica

La musicalidad del talento andaluz está rompiendo todos los techos y prejuicios que reducían su identidad y su capacidad a los ámbitos del flamenco, la canción popular y la raigambre folclórica, o a la fusión de sus compases y melodías con los del jazz y el rock procedentes de Norteamérica, y con los sones de Suramérica. Todo esto es mucho, y bueno. Además, se está normalizando la capacidad creativa e interpretativa de los jóvenes talentos andaluces en el enorme campo de la llamada música clásica. Tan suya, como espacio personal de expresión artística y como canon académico compartido en medio mundo, igual que puede serlo para quienes nacen y se educan en Salzburgo, Osaka o Toronto. Mayo del 2021 es la consagración de esta primavera. Cuatro concursos internacionales, uno de piano, dos de violín y uno de dirección orquestal, han sido ganados por jóvenes andaluces. Juan Pérez Floristán, María Dueñas, Javier Comesaña y Julio García Vico, respectivamente. Esto no es flor de un día. Ni la irrupción ocasional y aislada de un prodigio. Con mucho gusto se lo explico.

Programa de mano sobre los cuatro movimientos de la sinfonía de premios durante este mes de mayo: El sevillano Juan Pérez Floristán, de 28 años de edad, es el primer español que gana el Concurso Arthur Rubinstein de Piano. Sin duda, uno de los más importantes a nivel mundial. Como si le hubieran concedido el Oscar al mejor actor revelación. La granadina María Dueñas, de 18 años, ha dado otro salto en su meteórica carrera y ha ganado el Concurso Yehudi Menuhin de Violín. Va a ser una estrella. Entre en Youtube y disfrute de su actuación como solista, hace un mes, en el espectacular auditorio de Hamburgo, con la orquesta sinfónica de dicha ciudad alemana. Pronto coincidirá ella con el gaditano Julio García Vico, de 19 años, ganador del Concurso de Dirección Donatella Flick, en el que los aspirantes compiten dirigiendo a la Sinfónica de Londres, con la que, gracias a su triunfo, trabajará un año como director asistente. García Vico concurría tras haber recibido tres premios en Alemania que le garantizan llevar la batuta en conciertos con orquestas de Munich, Bonn, Colonia, Nuremberg, entre otras. Y el colofón de este mayo galáctico es la victoria de Javier Comesaña, de Alcalá de Guadaíra, con 22 años, en el Concurso de Violín que lleva el nombre de uno de los mitos en este instrumento: Jascha Heifetz. Un violinista tan formidable como Gidon Kremer presidía el jurado y subió al escenario para darle el premio, que incluye 10.000 euros como dotación económica.

Insisto: hay muchos más jóvenes andaluces que están alcanzando altas cotas de calidad técnica y artística en la música clásica. Aunque no ganen concursos de este tipo, sí logran ser elegidos en convocatorias que también son competitivas y de tanto o más mérito, como es ganar plaza en la plantilla de orquestas alemanas. O atreverse con éxito a ejercer una vida profesional como solistas, ya sean cantantes o instrumentistas, que solo es viable si se consigue cada año un buen número de actuaciones en teatros y festivales de diversos países. Cualquiera de estas opciones parecía hace 30 años casi inaccesible. Aunque el sistema escolar general de enseñanzas artísticas aún tiene que mejorar mucho, y eso lastra el potencial creativo de muchos chicos y chicas, tanto en artes plásticas como en danza, teatro, música, etc., si circunscribimos en esta ocasión el análisis a la música clásica, hay que valorar el impacto muy positivo que tuvo en el último decenio del siglo XX la creación de grandes orquestas en Sevilla, Málaga, Granada y Córdoba. Eligiendo para ellas a músicos de cualquier lugar de España o de cualquier nacionalidad. Fue una estupenda internacionalización hacia dentro, también gracias al desarrollo del Programa Andaluz de Jóvenes Instrumentistas – Orquesta Joven de Andalucía, a la multiplicación de teatros, orquestas y festivales, a las puertas que abrió la Fundación Barenboim-Said, y a la creación de academias privadas, que ha permitido a numerosos adolescentes de ciudades y pueblos de Andalucía recibir clases particulares por parte de músicos de ese tipo, que tienen un estándar internacional. Y esa relación mentor-discípulo, o al menos como prescriptor cualificado de sus cualidades, ha propiciado que algunos reforzaran su autoestima y convencieran a sus familias de que merecía la pena atreverse a desarrollar su pasión, lo que conlleva vivir fuera de casa, incluso fuera de España, mucho antes de que lo hagan quienes aspiran a ser 'erasmus' en Ingeniería, Derecho o Administración de Empresas.

Un ejemplo de los beneficios que depara crear las condiciones para el caldo de cultivo y cosechar cantidad y calidad, igual que otras veces lo hemos comentado en relación a las matemáticas, la informática, la ingeniería, etc. Javier Comesaña, siendo muy niño, comenzó a recibir clases con el violinista ruso Yuri Managadze, de la Sinfónica de Sevilla. El director de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, Francisco Javier Gutiérrez Juan, pronto le dio la alternativa para ser solista en conciertos. Y el Festival de Música de Cámara Joaquín Turina, que fundó en Sevilla la pianista noruega Benedicte Palko, lo incluyó entre los jóvenes residentes en España o el extranjero que participaban en un estupendo programa formativo con los solistas internacionales que acudían al festival, culminado con actuaciones junto a ellos ante el público. A mayor asiduidad de estas experiencias, más opciones hay de 'efecto llamada' para que se esfuercen con ilusión y disfruten de cada reto, hasta el punto de que un día se dan cuenta de han llegado adonde ni ellos podían imaginarlo.


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