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Los medios y los días

El tiempo, los sucesos y los sorteos

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15 ene 2021 / 04:00 h - Actualizado: 15 ene 2021 / 04:00 h.
"Industria","Sorteos","Solidaridad","Los medios y los días","Invierno","Marketing"
  • Un hombre arrastra una carretilla por una calle en Madrid. / Eduardo Parra - E.P.
    Un hombre arrastra una carretilla por una calle en Madrid. / Eduardo Parra - E.P.

Son tres de las temáticas más preferidas por los públicos. El tiempo estaba antes dentro del informativo y tardaba un momento. Desde hace tiempo el tiempo tiene personalidad propia, es impensable ver a un señor como Mariano Medina, que en paz descanse, presentándolo, ni siquiera a una mujer fea y gorda o a un señor tuerto o cojo, de ninguna manera, por un lado defendiendo siempre la igualdad, la no discriminación, y finalmente lo que surge triunfante es el marketing que sabe que a la gente, en general, le gusta ver paisajes estimulantes, que no les enseñen aquello que un día puede padecer ella misma. La realidad completa y compleja es molesta, por eso a esa industria hollywoodiense yanqui y triunfante la llaman la fábrica de sueños, porque siempre gana el bueno, que tiene mucha suerte aunque sufra, y pierde el que tiene que perder.

Eso sí, lo del tiempo ahora mismo en lo que a Sevilla se refiere es de cachondeo. Vale que la Filomena haya causado destrozos por ahí o que algunos hayan superado los veinte bajo cero pero porque en Sevilla estemos en invierno a cero grados a uno o dos bajo cero y en algún pueblo serrano a cuatro bajo cero y eso sea una alerta amarilla es de pitorreo. ¿Quién se inventó esto de las alertas? ¿Es necesario tener a la gente siempre con el corazón encogío si no es por pitos es por flautas? Pues sí, miren, es necesario, porque el miedo paraliza el pensamiento pero, por otra parte, encarece el gasto por bajas laborales, eso es menos importante, ¿verdad?

Los sucesos son de toda la vida, se derivan de nuestra relación con la muerte que lo mismo nos atrae que nos asusta, se deriva de la atracción excesiva por las desgracias de los demás, no por las propias, a lo cual se le llama morbo. A finales del siglo XIX el denominado crimen de la calle Fuencarral, en Madrid, tuvo mucho que ver con el nacimiento de la prensa de masas. Los diarios contaban día a día cómo iba la cosa, si por fin fue la criada la asesina de su señora, el juicio y finalmente el ajusticiamiento público de la sirvienta a garrote vil al que asistieron unas veinte mil personas.

El semanario El Caso estuvo vivo desde 1952 hasta 1997. En mis tiempos de niño el personal lo adoraba, tenía gancho, estaba bien hecho y contaba con excelentes periodistas, uno de ellos escribe en este diario, Juan Carlos Arias, y se le nota la raza de periodista porque va al fondo de las cuestiones y por eso le dan quebraderos de cabeza de vez en cuando. El Caso llegó a situarse en los 100.000 ejemplares por semana, todo un récord en aquella España. La sección Sucesos ha sido siempre de las más visitadas en los medios de papel aunque con el tiempo pasó a llamarse simplemente Sociedad y ahí entraba todo pero los sucesos tienen personalidad propia como ha demostrado en su tesis doctoral y en trabajos posteriores Rosa Cárcela, también colaboradora de El Correo.

Los sorteos qué quieren que les diga, todos parece que queremos ser ricos desde antes de que existieran los sorteos. Cuando la ONCE estaba en mi barrio, muy cerca de la iglesia de San Vicente, la gente iba en peregrinación con su boleto en la mano a ver el número que había salido esa noche. El pobre Carlos Marx y su señora Jenny dejaron sus acomodadas familias para vivir mal y defender que los proletarios heredaran la tierra y ya ven, los proletarios aspiran a ser burgueses, los burgueses a ser altos burgueses, estos además a tener algún título nobiliario, los nobles quisieran ser reyes y los reyes emperadores. Claro que hay excepciones como Pepe Mújica en Uruguay que después de ser presidente y otros altos cargos está en su humilde casa rural cuidando sus gallinas con el imprescindible apoyo de su señora, Lucía.

Por supuesto, me gustaría que no existieran los sorteos que, por un número, le dan a un ser humano tanto dinero como puedan tener millones de personas de un país pequeño subdesarrollado. Es un simple deseo inútil porque esa solidaridad de la que tanto hablamos no existe.


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