El Tribunal Constitucional. Entre los condones y Jaume Matas

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17 oct 2021 / 04:29 h - Actualizado: 16 oct 2021 / 15:59 h.
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  • El Tribunal Constitucional. Entre los condones y Jaume Matas

La democracia en España ha experimentado un profundo retroceso.

Desde el poder legislativo, (quién se acuerda de la mayor regresión de derechos que supuso la modificación por Decreto de Zapatero del art. 135 de la Constitución); hasta la ocupación partidista de las Instituciones, donde un Fiscal General del Estado puede lucir habiendo sido Ministro en el Gobierno precedente; o cómo la prensa ha silenciado los desmanes del poder, que ahora solo son cotilleo de los papeles de Manglano, tapando estratégicamente el relato de Villarejo.

En España, rige lo que García Trevijano definió como partitocracia. Y ahora se vende la reforma del Tribunal Constitucional como producto del consenso, que nunca existió como principio del Derecho Político y que no es otra cosa que el compadreo franquiciado de nuestro sevillano Bar Trifón.

El Constitucional produce sorna y buen ejemplo de ello la escasa calidad de los fallos dictados a lo largo de más de cuarenta años, aunque algunos de Jiménez de Parga, (sobre todo sus votos particulares)- ay! las causas generales-, aun los conservo en la vieja agenda arrugada de derrota.

De entre los disparates de mayor envergadura, la Sentencia de Andrés Ollero, quien se permitió otorgar amparo a un farmacéutico almeriense que se negaba a vender preservativos, y al que reconoció la “objeción de conciencia”. Y entre los aciertos, el establecimiento de la custodia compartida como régimen preferente en los divorcios.

Este Tribunal que se renueva nos deja el sinsabor de la partida de Encarnación Roca, que aún no sé por qué muchos Jueces ríen cuando se esgrimen resoluciones de la justicia de Cataluña; y la satisfacción de que un magnífico jurista, Martínez-Vares, aun siga representando a nuestra tierra, donde perseverar como andaluces, no deja de ser una quimera.

La renovación es casta. No en vano la probable entrada de Enrique Arnaldo, -quien acogió, según la prensa, en su Bufete al propio Jaume Matas-, no solo brinda la impunidad, sino que la retribuye.

Miras a otros países y traes a la memoria a Marshall o a Tocqueville, (¿recuerdan aquello de la tiranía democrática?); en fin, que solo nos queda la desobediencia civil de Ihering, cuando afirmaba que quien no lucha contra la injusticia, se niega a sí mismo.

Y es que donde no hay justicia sigue siendo un peligro –y no saben cuánto- tener razón.


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